02 de julio de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Piqué, españolísimo si es para hacer caja

El marido de Shakira cultiva un filonacionalismo catalán siempre displiciente con España, pero si se trata de llenar el bolsillo lo aparca rápidamente

Gerard, el del «derecho a decidir», en el día a día. Don Gerardo, el de los negocietes, cuando se trata de ganar una pasta gansa en el mercado español. Gerard Piqué, el espigado central del Barcelona, de 35 años, hombre de negocios y marido de Shakira, ejemplifica un tic bastante molesto que caracteriza a muchos prohombres catalanes. Su tono ante España y todo lo que le suene a español es siempre perdonavidas, displicente, en ocasiones incluso faltón («españolitos, ya os hemos ganado vuestra Liga, que os den», soltó en su día en el Bernabéu). Piqué cultiva una cuidada equidistancia política, aunque se le ve el plumero a leguas: no le escucharán jamás una palabra clara de afecto a España, o en defensa de su país.
Pero todos esos melindres filonacionalistas se desvanecen por ensalmo en cuando aparece la palabra pela de por medio. Piqué, el partidario del «derecho a decidir», no tiene ningún problema para trincar una comisión de 24 millones de euros trabajando para la Real Federación Española de Fútbol ante los árabes. En las grabaciones que se van destapando de sus charletas a lo choni de barra de bar con Rubiales, el futbolista del Barcelona incluso llega a proponer al presidente de la Federación tocar al Rey Juan Carlos a ver si les ayuda en su opíparo negocio con los saudíes.
Piqué, que en su día calificó de «inolvidable» su participación en una Diada separatista, se olvida rápidamente de sus pasiones sectarias si toca hacer dinero vendiéndole la Copa Davis a sus denostados madrileños. Piqué, que se niega a aclarar si es independentista o no, sí tiene muy claro que le encanta España cuando le surge la oportunidad de levantar un hotelazo en Málaga. Piqué, que disputó 102 partidos con la selección española, considera que «es compatible ser independentista y jugar con España».
En resumen, nuestro amigo Gerard resulta un ejemplo del perfecto «aprovechategui», neologismo que se inventó en su día para definir las proezas chupópteras del PNV (epítome sumo del arte de renegar de España al tiempo que la exprimen con su bicoca fiscal).
Las personas que tienen cabeza e iniciativa para abrirse paso en el mundo de los negocios resultan admirables. Me parece muy bien que Piqué intente hacer en esta vida algo más que pegarle coces al balón, porque ese oficio al final se acaba antes de cumplir los cuarenta. Pero se agradecería que deje de mirar a sus compatriotas españoles con el cansino rictus despectivo que lo distingue, indicio de una soberbia identitaria que al final es profundamente provinciana (e iba a decir paleta y un pelín xenófoba, pero se lo ahorro).
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