09 de agosto de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

La nena

Elsa Artadi tiene que reconocer que entregar la defensa de Cataluña a 10.000 soldados rusos es, como poco, una frivolidad muy paleta de la fregona semoviente

Elsa Artadi no recuerda ni fechas, ni de qué se habló en sus reuniones con los rusos organizadas por Puigdemont en los días previos al golpe de Estado. El juez le ha recordado que esa falta de memoria puede interpretarse como una carencia de credibilidad y que se expone a consecuencias penales. La nena «bien» de Puigdemont sólo recuerda que habló de criptomonedas con los rusos, pero que no se alcanzó ningún tipo de acuerdo. El otro investigado, un tal Tarradellas, sí ha hecho memoria y ha enriquecido su declaración. El 27 de octubre de 2017 tuvo lugar una reunión en la sede de la Generalidad de Cataluña, en la llamada «Casa dels Canonges», residencia de la fregona semoviente, entre emisarios de Putin, La nena Artadi, el propio Tarradellas y la fregona semoviente, que actuó de anfitrión. En la impactante cumbre catalano-rusa se habló de las criptomonedas y de una futura República Catalana independiente que podría convertirse, con ayuda de Rusia, en una nueva Suiza. Y que la fregona semoviente solicitó a sus visitantes rusos el préstamo de un contingente compuesto por 10.000 soldados para enfrentarse al Ejército español y expulsarlo de tierras catalanas. La fregona semoviente, que posteriormente huyó a Flandes en el maletero de un coche dejando con el culo al aire a sus compañeros golpistas, se dispuso a encomendar la defensa de su «República no existe, idiota» a diez mil soldados de Rusia. Traición que hasta la fecha no ha tenido respuesta por parte del Gobierno de España.
Pero me entristece su bajo concepto de los catalanes.
Elsa Artadi, Tarradellas, Rahola, y demás héroes de la independencia jamás alcanzada, se sentirían avergonzados. En lugar de huir como una rata, la fregona semoviente tendría que haber creado el Ejército de Cataluña y ascendido al empleo de capitán general al mozo de escuadra, Donaire. Un Ejército formado por generales, jefes, oficiales, suboficiales y soldados catalanes, no rusos. A un soldado ruso le importa un bledo defender o abandonar a su suerte San Feliú de Guixols, Sitges o la serranía de Montserrat. Pero no al capitán general Donaire, gran estratega. Además, no suena bien que una nación proclame su independencia por la fuerza de las armas, mientras los rusos combaten y los catalanes se preocupan exclusivamente del futuro del «Barça» o de incumplir el 25 por ciento de las clases en español. Si yo fuera un soldado ruso, me molestaría bastante poner en peligro mi vida mientras el conde de Godó, Puigcorbé o Laporta renuncian a vestir el uniforme de soldados de Cataluña como hacen los ucranianos, sin limitación de edad, para defender la unidad de su nación. Elsa Artadi tiene que reconocer que entregar la defensa de Cataluña a 10.000 soldados rusos es, como poco, una frivolidad muy paleta de la fregona semoviente. Y claro, después de eso, los rusos volvieron a Moscú y le dijeron a Putin: «Ni soldados, ni criptomonedas. Esa gente ha perdido la chaveta». Porque todo se resume, amén de la traición y la antipatía continuada y persistente hacia la nación que mantiene a Cataluña como parte histórica de su unidad, en su aldeanismo. Además, aldeanismo paleto y provinciano aparte, hay que entender más de asuntos militares. Diez mil soldados rusos, por muy rusos que sean –y están demostrando que no son demasiado–, son muy pocos para sostener la tiranía catalana. Con la Blas de Lezo o la Almirante Juan De Borbón en la costa, un par de aviones del Ejército del Aire que vuelen sobre Barcelona haciendo mucho ruido, una bandera de la Legión, la Infantería de Marina, diez paracaidistas de la Bripac y seis carros de combate de la Brigada acorazada, se «reconquista» Cataluña y se vence a las tropas del general Donaire en menos que canta un gallo de «Gallina Blanca». Un golpista que confía más en diez mil soldados rusos que en el ardor guerrero de los naturales de sus provincias no tiene nada que hacer. Por mucho que mande a la nena a negociar criptomonedas.
Han superado a Gila.
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