01 de octubre de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Conjunto vaquero

Para mí, que nos expulsan de la OTAN. Por dos motivos. Por el conjunto vaquero de Sánchez y porque más de la mitad de los ministros de Sánchez, y la totalidad de los socios de Sánchez, son partidarios de Putin

El hortera no se viste, se disfraza. En la España de los años sesenta se pusieron de moda las fiestas de disfraces. Hasta Edgar Neville ofreció una fiesta de estas a sus amigos. Ya estaba Edgar gordo y asmático, y seguía las incidencias del ambigú sentado en su sillón favorito. Advirtió un revuelo. Una mujer muy atractiva, que había acudido vestida de sirena, con un ceñidísimo conjunto plateado con su correspondiente cola de pez, se había mareado. «¿Qué ha pasado?», preguntó Edgar alarmado. «Que la condesa de Torres Hontorias, la del disfraz de sirena, se ha mareado». Edgar reaccionó inmediatamente. «¡Pues llamad inmediatamente a Urgencias de las Pescaderías Coruñesas!».
Foxá, que siempre iba sucio y desastrado, se presentó sin disfraz. «¿De qué ves disfrazado, Agustín?» ; «vengo disfrazado de queso manchego». Cuando me invitaban a una fiesta de disfraces, acudía siempre vestido de «judoka del Pireo». Con traje, camisa y corbata. La chaqueta, plegada en el brazo derecho. En su lugar, la parte superior del traje de judo, y en la cabeza, un gorrito griego. A los cinco minutos, dejaba en el guardarropa el gorrito y el traje de judo, me ponía la chaqueta, y todos me envidiaban, sobre todo los disfrazados de Luis XV, de «Pierrot», de berebere, de Robin Hood y de vikingo. La fiesta de disfraces es una tontería, pero no deja de ser una fiesta.
A principios de este siglo tan conflictivo, una gran empresa invitó a destacados periodistas y directores de periódicos a un viaje a Salzburgo, en pleno mes de junio. El director de un gran periódico se presentó en Barajas vestido de tirolés. Más de 35 grados marcaba el termómetro y el hombre se vistió de tirolés de invierno, no con la versión estival del conjunto montañés del Tirol austríaco. Recibió asistencia médica como consecuencia de su alto nivel de deshidratación y un angustioso sofoco por golpe de calor. Por hortera.
Sánchez ha recibido en Quintos de Mora al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, para preparar la cumbre de la Alianza Atlántica que se celebrará en Madrid a finales de junio. Se conmemora, además, el 40º aniversario del ingreso de España en la Organización. Ropa informal por los calores toledanos. Stoltenberg, vestido con un polo azul y unos pantalones oscuros. Sánchez, con conjunto completo vaquero. Camisa vaquera, pantalones vaqueros, y zapatos vaqueros. Más hortera que un Rolex de oro y brillantes de un Emir. Muy probable que el conjunto vaquero proceda de un regalo de Begoña o de Yolanda Díaz, sin descartar a Adriana Lastra, que cada vez que se zambulle en la mar en la playa de Ribadesella, sube la marea. Ese conjunto vaquero no se puede llevar ni a una barbacoa en la piscina de los Iglesias o al festejo que sigue a la «Primera Comunión Civil» del hijo de los Garzón. Ese conjunto ha sido motivo de una explosión de carcajadas de los venados que abundan en Quintos de Mora, provocando una confusión entre la guardería. Los ciervos, cuando ríen, emiten un sonido gutural parecido al de la berrea, que es pasión otoñal, y no estival.
Con ese conjunto vaquero no se puede acceder ni a la sesión matutina previa a la gala de elección de «Miss Marina d´Or Ciudad de Vacaciones».
Para mí, que nos expulsan de la OTAN. Por dos motivos. Por el conjunto vaquero de Sánchez y porque más de la mitad de los ministros de Sánchez, y la totalidad de los socios de Sánchez, son partidarios de Putin.
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