08 de agosto de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Sánchez, tic, tac, comienza la cuenta atrás

El hecho de que el PSOE se vea vapuleado en lo que fuera su granero electoral inexpugnable supone un giro histórico en la política española

No habían pasado ni dos minutos de las ocho de la tarde cuando me entró un guasap eufórico de un amigo, cuyo aprecio por el gran timonel progresista y ecofeminista es similar al que siente el Joker hacia Batman: «Jajaja, se acabó Schz», me escribía alborozado tras las encuestas a cierre de urna.
Una vez conocidos los resultados reales, me parece que la conclusión de mi viejo amigo es un tanto hiperbólica, porque Sánchez es correoso y todavía va a dar guerra en 2023 (morirá matando y utilizará las peores artes). Pero sí creo que este domingo en Andalucía ha comenzado la cuenta atrás que va a sacarlo de la Moncloa. Begoña ya puede ir poniendo en Wallapop el colchón que compraron cuando llegaron al dormitorio palaciego que habían ocupado Viri y el viejo Mariano.
También me atrevo a vaticinar que si el año que viene el PSOE pierde el Gobierno acabaremos asistiendo a una inesperada implosión de ese partido, pues tal ha sido el sino de sus homólogos en Francia, Italia y Grecia. El dominio del Partido Socialista en España empieza a resultar una excentricidad en el contexto europeo.
Pocas noches electorales permiten hablar de un cambio del curso del Amazonas en la política de un país. Pero la de este 19-J sí, porque el PSOE ha perdido su granero histórico de votos, su feudo infalible. Es además una derrota en una región vital, la más poblada de España. Andalucía ya no es socialista. Y para más castigo, el PSOE ha sido vapuleado por el otro partido que puede aspirar a gobernar nuestra nación, el PP.
En la noche televisiva, los contritos presentadores y tertulianos del progresismo intentaban defender que el PSOE no había salido tan mal parado, aunque su sufrimiento era evidente (el rictus del hooligan zurdo Fortes recordaba un cólico nefrítico y en La Sexta aquello ya era un puro réquiem). La verdad es que hace cuatro años, con Susana Díaz, que era muy floja, pero al menos españolista y antisanchista, los socialistas ganaron las elecciones y sumaron siete escaños más que Moreno Bonilla. Esta vez se han quedado 26 diputados por detrás. Una hecatombe.
Es cierto que Moren cae bien, porque es afable, cabal y moderado. Es verdad que Espadas arrancó con poco nivel de conocimiento y carecía de gancho. Es probable que Vox se equivocase con la operación Olona, una paracaidista en Andalucía. Pero el asunto medular es otro: en España hay un hartazgo enorme con Sánchez. Su presencia comienza a ser un lastre (ya no puede pisar la calle sin una sinfonía de silbidos). A la etiqueta de mentiroso se ha sumado la de incompetente, tras recitales como su patinazo diplomático en Argelia, o la subida de la luz tras la ola de propaganda con el supuesto éxito del topaje. No es ya solo que provoque antipatía a millones de españoles que no pueden con él (la persona con la que pernocto se va a otra habitación si lo ve en la tele de la sala dando una rueda de prensa), sino que además empieza a pagar en primera persona el sufrimiento de los españoles por el pico de inflación. Cuando el coste de la vida muerde el bolsillo, los ciudadanos siempre castigan al gobernante del momento, y si perciben que el que tienen está llevando el coche a la cuneta, lo flagelan doblemente.
En cuanto a los actores secundarios, lo digno sería cerrar hoy mismo Ciudadanos y ahorrarse la agonía. Arrimadas debería ir pensando en irse a casa y decir aquello de «el último que cierre la puerta». La insufrible extrema izquierda se pega un buen leñazo. Podemos obtuvo 17 escaños hace cuatro años. Pero ahora la suma de Por Andalucía y Adelante Andalucía se queda en siete. Yolanda Díaz lo tiene crudísimo. Al populismo de ultraizquierda se le ha visto el plumero y los españoles comienzan a pasar página.
Andalucía es un gran laboratorio político, porque se parece mucho más que otras regiones a lo que es el sentir común español. Y lo que nos ha indicado esta vez es que vuelve la moderación y bajan los experimentos con gaseosa. A Feijóo, que inicia su mandato en Génova con una mayoría absoluta en una comunidad clave, se le pone de cara la ruta a la Moncloa. Pero, repito: Sánchez, aunque ahora mismo está en la UCI política, morirá matando y sus artes no son siempre las más nobles.
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