17 de agosto de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Trump era un botarate... ya, ya

Pasado el tiempo, constatamos que San Barack no se enteraba de nada y que la OTAN y la UE han acabado haciendo lo que pedía el histriónico Donald

Hollywood, la izquierda mundial, los amos del universo de Silicon Valley, la inmensa mayoría del pueblo español y todo el artisteo lo tenían clarísimo: Obama, San Barack, era un fuera de serie; y Trump, la encarnación de Lucifer (o peor).
Obama era cultivado, políticamente correcto, ecologista y feminista, dueño de una oratoria cautivadora, graduado por Harvard, miembro de una minoría racial y amiguete de Springsteen y Oprah Winfrey. Perfecto. Trump, con su tupé enlacado y teñido de amarillo, era de temperamento agresivo y faltón, hablaba claro y llano, se alimentaba de hamburguesas, le gustaban las tías buenas, era hijo de un hombre de negocios y él mismo un empresario de éxito. Qué horror.
Pero faltaba someter a ambos a la gran prueba del algodón: el paso del tiempo. Y resulta –vaya por Dios– que Trump le ha dado un repaso a Obama. Súper Harvard no se enteró de lo que se estaba cociendo bajo sus pies (véase, por ejemplo, la miopía imperdonable con que se inhibió en Siria, dejándole todo el terreno a Putin, que ahí empezó a venirse arriba hasta llegar a lo que hoy sufrimos). Trump, con todos sus malos modos y barrabasadas –lo de no reconocer el resultado electoral frente a Biden fue lamentable–, al final poseía el olfato del hombre de negocios para husmear los problemas y era capaz de extraer conclusiones rápidas, sencillas y nítidas, entendibles por todos. En la vida cotidiana, a Obama le venderían una moto averiada. A Trump, ni de coña.
Es sorprendente cómo se han ido cumpliendo una tras otra las advertencias de Trump. Mientras el mundo babeaba con Merkel, en mi humilde opinión muy sobrevalorada, Trump advertía a la mandataria alemana de que estaba financiándole a Putin sus tropelías al comprarle energía, llegando incluso la canciller al extremo de aceptar un nuevo gaseoducto al servicio del autócrata. Hoy la UE se ha visto forzada a acabar con las compras de gas ruso. Trump tenía razón.
Trump, el loco, inició una gran batalla contra China, a la que veía como el problema real de Occidente, la potencia que le estaba robando la cartera con malas artes comerciales y plagios industriales. Trump advirtió que aceptar que las tecnológicas chinas se colasen en las tripas de los gobiernos occidentales eran una bomba de relojería. Pero mientras él avisaba, la mayoría de los países de la UE, España incluida, estaban encantados de meter a Huawei en su 5G. Ahora, en la nueva estrategia que acaba de cerrar en Madrid, la OTAN concluye que China es una enorme amenaza para «los intereses, seguridad y valores occidentales». Trump tenía razón.
Trump, el bárbaro estrafalario, se pasó su mandato reclamando a los países europeos una mayor inversión en gasto militar. Una y otra vez, les pidió que dejasen de desentenderse del problema de la defensa. Hoy, hasta Sánchez, que en 2014 alardeaba de que a él le sobraba el Ministerio de Defensa, se compromete a subir el gasto militar hasta el 2 % del PIB. Trump tenía razón.
Frente a la pandemia, Trump optó por intentar mantener la economía abierta, mientras el mayor líder progresista, ecologista y feminista del orbe optó por endilgarnos el encierro más duro de Europa (inconstitucional, para más señas). El PIB de Estados Unidos cayó un 3,4 % en 2020. El de España, un 10,8 %, el peor castañazo de toda la OCDE. Trump tenía razón.
Conclusión: no hay que juzgar a los estadistas por su porte y su jerga, sino por lo que tienen debajo del pelo, por su visión a medio y largo plazo. Obama, a la hora de la verdad no daba una. Y el gobernante que hoy padecemos en España es un globo de vanidad sin más estrategia que sobrevivir a cualquier precio. Y ahora, si les apetece, sigan llamándole animal a Donald, que probablemente son mucho más listos y listas Kamala Harris, Irene Montero, Tito Garzón y Nadia Calviño...
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