Cómo las redes sociales distorsionan la opinión pública
En la era de las redes sociales, un WhatsApp o una publicación en Twitter con un bulo, sea sofisticado o completamente absurdo, genera un mayor impacto en los ciudadanos que un argumento bien elaborado sustentado en datos y hechos
«Si puedes hacer que algo sea tendencia en las redes sociales, casi puedes convertirlo en realidad», declaraba Renée DiResta, gerente de investigación técnica del Observatorio de Internet de Standford, al New York Times en 2017. Este experto digitalizaba la famosa frase: «una mentira repetida 1.000 veces se convierte en verdad», atribuida a Joseph Goebbels, a pesar de que no hay ninguna prueba que lo demuestre.
En la era de las redes sociales, un WhatsApp o una publicación en Twitter con un bulo, sea sofisticado o completamente absurdo, genera un mayor impacto en los ciudadanos que un argumento bien elaborado sustentado en datos y hechos. El estudio En Twitter, las noticias falsas viajan más rápido que las historias verdaderas realizado por tres investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) aporta una gran variedad de datos para cuantificar el fenómeno de la desinformación y su impacto en la sociedad. Incluye titulares tan llamativos como el siguiente: «Las noticias falsas tienen un 70 por ciento más de probabilidades de ser retuiteadas que las historias verdaderas».
Como sucede en otras áreas, la digitalización del espacio público ha transformado la configuración de la opinión pública. Así, en los últimos años, las redes sociales se han convertido en una especie de plaza pública donde los ciudadanos discuten los asuntos de interés como siglos atrás los romanos debatían en el foro. Sin medios de comunicación ni periodistas encargados de filtrar las noticias y proporcionar un contexto informativo, el espacio virtual se llena de medias verdades, vídeos e imágenes descontextualizadas y contenidos sesgados, que devalúan el valor de la verdad.
Uno de los procesos donde mejor se puede constatar los efectos de las medias verdades es el referéndum en el Reino Unido sobre su salida de la Unión Europea. Durante la campaña política, los hechos alternativos –Boris Johnson afirmó que las corridas de toros recibían 143 millones de la Unión Europea– viajaron de pantalla en pantalla a gran velocidad generalizando ideas que consiguieron distorsionar la realidad y agitar a la población en función de los intereses de un reducido grupo, como demostraron los resultados de la votación. Sin embargo, un día después de las votaciones, una de las preguntas más googleadas en Reino Unido fue: ¿qué es el Brexit?
Ante este escenario (des)informativo, las verificadoras como Infoveritas y los fact-checkers adquieren un papel fundamental para contrarrestar la desinformación, reducir la fragmentación social y fomentar el debate público de calidad.
¿Por qué mis redes sociales me hacen creer que mi candidato electoral va a ganar las elecciones?
El modo en el que los individuos interactúan en scroll con el time line de las redes sociales, una acción que imita a las máquinas tragaperreras, prioriza una lectura superficial, apresurada y efímera de una serie de contenidos dispuestos por algoritmos. Los expertos en neuromarketing conocen innumerables trucos para llamar la atención del cerebro, entre ellos estudian la colorimetría adecuada. Desde siempre el color rojo se relaciona con la urgencia, por eso las notificaciones de las redes sociales y de la mensajería instantánea emplean ese tono: para que los usuarios sientan la necesidad de chequearlas cada poco tiempo y de compartirlas.
Fue el ciber activista Eli Pariser quien introdujo el concepto de filtro burbuja para explicar la construcción de nichos ideológicos en internet. Los algoritmos filtran y jerarquizan la información generada en las redes, creando un time line de noticias diferente para cada usuario en función de sus búsquedas anteriores, sus intereses y sus interacciones sociales, ignorando lo que queda fuera de ellas, que puede ser de interés.
Como consecuencia de este tipo de consumo informativo, la sociedad olvida que existen comunidades digitales donde la narrativa difiere completamente. Así, muchos ciudadanos se sienten defraudados cuando el resultado de las elecciones no coincide con el que expresaban sus seguidores de Twitter.
Por otro lado, no todos los ciudadanos están representados en las redes sociales, sencillamente porque no todo el mundo tiene acceso a internet, ya sea por elección o como consecuencia de la brecha digital. En España, casi dos millones de personas están desconectadas. A esa cifra hay que sumar a los ciudadanos que no saben utilizar las herramientas digitales. Por tanto, la opinión de ciertos sectores de la sociedad puede estar infrarrepresentada.
Finalmente, los bots, cuentas falsas automatizadas alimentadas por inteligencia artificial, y ciertos personajes de la sociedad tienen una alta capacidad de influenciar y modificar las opiniones para distorsionar la realidad mediante la difusión de noticias falsas, teorías conspirativas y publicaciones cargadas de odio. A golpe de clic se puede cambiar el clima de opinión en la dirección deseada e, incluso, crear opinión.
Como se puede ver, la principal consecuencia de esa polarización que tanto fomentan las redes sociales es la eliminación de toda comunidad política y deliberativa, lo que dificulta los consensos imprescindibles para el funcionamiento adecuado de la democracia. Esa fragmentación puede, incluso, generar rechazo personal y odio hacia aquellos familiares o amigos que no comparten las mismas ideas o inclinaciones políticas. ¿Quién no ha perdido el contacto con alguien de su círculo cercano por este motivo?
'Fact-checking': el antídoto contra la desinformación
El fact-checking se erige como un antídoto para contrarrestar la infección de la desinformación. El tratamiento es sencillo: investigación basada en datos y hechos, fuentes oficiales y primarias y transparencia en todas las fases de proceso de verificación.
Infoveritas, un medio digital especializado en desmentir bulos, donde trabajan analistas, expertos en inteligencia artificial y periodistas, tiene el objetivo de ofrecer soluciones a una problemática muy extendida y compleja como es la desinformación.
La información veraz es uno de los pilares del Estado de Derecho e Infoveritas se apoya en la tecnología más avanzada, así como en el conocimiento de especialistas con amplia trayectoria profesional para ofrecer a los ciudadanos, empresas e instituciones un servicio adaptado a sus necesidades.