10 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

400 euros para botellón, chavales

El «bono cultural» que Sánchez les da a los jóvenes con el dinero de sus padres es su enésimo intento de intercambiar cheques por votos. Y algo más

Desde hace unos días los chavales que cumplan 18 años podrán solicitar el abono «cultural» de 400 euros que Pedro Sánchez les dará con una décima parte de lo que previamente les quitó a sus padres.
El obsceno intento de comprar el voto de los debutantes en el censo electoral se completa así con el atraco preventivo a sus progenitores, que tendrán dificultades para comprar pollo a precio de faisán pero verán a sus retoños disfrutar del sostenible calimocho y el instructivo Call of Duty gracias a la generosidad sanchista.
En España hay, según los fiables datos del Instituto Nacional de Estadística hasta que un Tezanos le meta mano, 472.978 homínidos y homínidas de esa edad, un número insignificante ante los doce millones de sufridores que tenemos entre 36 y 50 tacos, el segmento de edad reproductivo de lechones ahora pensionados.
Descontando incluso a los receptores de cualquier subsidio, que en unos casos lo necesitan como el comer y en otros tienen más cara que espalda, la cuenta no le sale a Sánchez: el porcentaje de beneficiarios de la paguita cultural, que la gastarán en futbolines, litronas y videojuegos violentos aunque el Gobierno presumirá de haberlos desasnado con una de Almodóvar; es ínfimo al lado de quienes han pagado esa fiesta y todas las demás que le permiten al Gobierno batir récord de recaudación fiscal a la par que la sociedad lo hace pobreza.
La decisión es aparentemente estúpida, más propia de Irene Montero que de Pedro Sánchez, más proclive a hacer el mal que el idiota, tarea transferida a Podemos en ese acuerdo de gobierno en el que unos ejercen de inútiles y otros de bobos con eficacia en ambos casos y frecuentes simbiosis.
El presidente toma decisiones negativas un día sí y otro también, pero es su socio quien le añade a la ineficacia suicida un toque tarado resumido en promover talleres para pintarse el toto tras fabricarse uno artificial, con cargo a esa misma Seguridad Social que no tiene para pagarle unas muletas a una señora lesionada.

Sánchez promete 400 euros, el aprobado general y el acceso sin examen a la Universidad, pero a cambio exige que te entregues

Pero la pregunta que cabe hacerse e irrumpe ahí al fondo es más inquietante que el mero lamento por una idea de bombero: ¿está enseñando ya la patita esa estrategia orwelliana de condenar al joven a malvivir sin trabajar, en una falsa sociedad del ocio pasivo, con una paguita menor que le sirva para tirar ovinamente y entregarse a un Estado que le quiere dependiente?
En el país con más paro juvenil de Europa, con la inminente robotización del empleo menos especializado, proponer como única medida el bono botellón, el aprobado general o el acceso sin trabas a la Universidad, con una arbitraria «prueba de madurez» que le permitirá ingresar a cualquiera aunque no valga ni quiera; es algo más que los fuegos artificiales habituales del sanchismo.
Es una poco sutil herramienta de esa ingeniería social que intenta modelar ciudadanos entregados al canon ideológico de un Gobierno que intercambia cheques menores por votos mayores e intenta leerles a los chavales, con susurros cada noche, un capítulo de Un mundo feliz.
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