10 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Sánchez el norcoreano

Mientras él convierte palacios públicos en el Pachá, apaga las luces de las ciudades, echa la culpa a los comercios y señala a la insumisa Ayuso

Sánchez culpa a la víctima del maltrato que sufre de su Gobierno y, con medidas que emocionarían a Kim Jong-un en su paraíso norcoreano, ha decidido apagarles la luz a los comercios, tras cobrársela cuatro veces más cara que hace un año, y señalarles además como responsables del cambio climático.
Pedro Jong-un, de la dinastía Zapatero, va al retrete en helicóptero Puma, al Pryca que ya no existe en el Falcon, y convierte Las Marismillas o La Mareta en el Pachá en cuanto coge tres días libres él y nos los da de respiro a nosotros.
Pero la culpa es de «Mercería Pepi», esa terrorista del CO2 que tiene la desfachatez de dejar un letrero luminoso puesto cada noche donde, tal vez, se cobije una muchacha al volver a casa perseguida por una sombra siniestra.
Y si la mercera, el mecánico o el pastelero no cuelan como responsables del cambio climático, siempre tendremos a Ayuso, la insumisa lumínica que ya es objetivo prioritario de la nueva Policía Climática del Régimen instalado filosóficamente en el 1984 de Orwell.
O sea, que además de pagar la luz a precio de caviar para que el Gobierno transforme la recaudación fiscal en un pillaje bochornoso, ahora resulta que somos culpables y nos merecemos un decreto sanchista lleno de restricciones y amenazas chavistas que llegará, vaya casualidad, a las puertas de la próxima campaña de las elecciones generales, allá por finales de 2023.
Si Abel Caballero, que cuando era serio resultaba soso y cuando es divertido resulta ridículo, ha transformado el encendido de luces navideñas en el epicentro de su promoción personal; Sánchez hará una escena similar unos días antes de votarle o de botarle: conmigo, le dirá a los españoles, vuelve la luz.

Además de pagar la luz a precio de caviar ahora resulta que somos culpables y nos merecemos un decreto sanchista lleno de restricciones y amenazas chavistas

Un presidente serio de un Gobierno serio buscaría proveedores de energía alternativos a Rusia y energías alternativas también al gas de Putin. Pero la tropa que tenemos se pelea con Argelia, nos cobra el doble o el triple de lo normal en cada recibo con un pretexto renovable que resulta ahora insuficiente y, cuando se le ven las vergüenzas, se limita a culparte de todo, a apagar las ciudades para que se parezcan a las de Paul Auster en El país de las últimas cosas y a quemar megavatios a lo loco en esos Falcon desde los que escupen al gentío.
Se entiende que un Gobierno sin luces lo prefiera todo a oscuras, pero alguien debe encender una vela en este funeral que oficia un iluminado sin límites: cuando no te confina te apaga, y en ambos casos te echa la culpa y te cobra el viaje. Es demasiado, ni Kim Jong-un se ha atrevido a tanto.
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