08 de diciembre de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Pedro Martínez Soria, en Nueva York

Todo un recital intentar ganarte a los fondos de inversión estadounidenses a la misma hora que apruebas con tus socios comunistas una tasa contra «los ricos»

Uno de los mayores logros que puede alcanzar un actor es crear un personaje que lo transcienda y se convierta en una suerte de arquetipo social. Lo logró, por ejemplo, el humorista aragonés Paco Martínez Soria. Acuñó un prototipo de cateto entrañable, salido del rural y extraviado circulando por las metrópolis con su boina bien calada. En la vida real, Martínez Soria, muerto en Madrid en 1982, era un tipo serio, cuentan que bastante adusto. Le gustaba que los empleados de su compañía se dirigiesen a él como «don Paco» y se desempeñó como un empresario teatral y productor de notable éxito.
Lo de hacer un poquillo el paleto en la meca urbanita me ha venido a la mente observando las evoluciones neoyorquinas del faro progresista del orbe. Pedro Martínez Soria ha dado un recital. Mientras en España alardea de que se ha quitado la corbata para luchar contra el cambio climático (al tiempo que se sube al helicóptero Puma para recorrer 30 kilómetros hasta Torrejón), en Nueva York se la anudó al instante para rendir pleitesía a Bill y Melinda Gates. Mientras en España ordena a su partido que ponga a parir a Moreno Bonilla por retirar el impuesto de Patrimonio y recaudar 98 millones menos, él se permite regalar 130 millones del erario público español a una fundación de Gates, uno de los mayores plutócratas del planeta. El argumento del PSOE contra la rebaja de Bonilla era que sin el dinero del impuesto de Patrimonio se iban a perder importantes prestaciones sociales, claves para los «andaluces y andaluzas». Pero si Peter se pule 130 kilos de dinero de nuestros impuestos para hacerse propaganda lisonjeando a Bill, entonces no se pierde prestación social alguna.
Siendo meritorias esas proezas, el clímax de la gran gira por Manhattan de Pedro Martínez Soria llegó con su encuentro con fondos de inversión de estadounidenses y el banco JP Morgan, que tenía el propósito de animarlos a invertir en España. Tomando por perfectos necios a los representantes de lo más granado del capital global, Peter intentó venderles las bondades de la España «progresista» como paraíso para invertir. Pero lo hizo a la misma hora en que su Gobierno anunciaba un improvisado impuesto para fustigar a «los ricos».
Sin duda JP Morgan y los grandes fondos no ven el momento de lanzarse a invertir en un país gobernado por socialistas y comunistas, donde la seguridad jurídica no vale un patacón y donde se preconiza una fiscalidad abusiva y anticapitalista. Va a haber tortas en Wall Street por invertir en la España del bolivarismo Robin Hood, sin duda la última moda en Nueva York. ¿Qué fondo puede no desear que lo abrasen a impuestos y le cambien las reglas de juego cada semana al albur de los sufrimientos de Peter en las encuestas?
Inasequible al desaliento, y fiel a su práctica más querida (mentir como quien respira), tras su reunión con el gran capital estadounidense, Pedro Martínez Soria explicó en Twitter que les había dado cuenta de las «buenas perspectivas económicas de nuestro país» (el único grande de la UE que no ha recuperado todavía el PIB precovid y el de mayor inflación). Con efigie de acero inoxidable, también les comunicó que «somos el país más avanzado de Europa en la ejecución de los fondos europeos». Lo hizo precisamente cuando acaban de visitar Madrid altos funcionarios de Bruselas para reprochar a su Gobierno un inquietante retraso en la distribución del dinero europeo.
Fantasía española, así se titulaba una comedieta de Paco Martínez Soria. Otro de sus hitos se llamaba Deliciosamente tontos. Liz Truss anuncia una rebaja masiva de impuestos en el Reino Unido. Sánchez apuesta por más parrilla fiscal en España. Los jerarcas de los fondos de inversión de Wall Street todavía deben estar curándose del ataque de carcajada en que prorrumpieron en cuanto el espigado Peter abandonó la sala.
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