09 de diciembre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Las infamias en igualdad de condiciones, por favor

Si Irene Montero no hubiera sido la pareja de Pablo Iglesias, jamás hubiera llegado a donde llegó desde la caja de un supermercado

Como se explica en el editorial de El Debate de hoy, los ataques que se está dirigiendo a la diputada de Vox Carla Toscano por haber dicho una verdad incuestionable, que Irene Montero sólo tiene un mérito para ser ministra, el haber sido la pareja y ser la madre de los hijos de Pablo Iglesias, es una verdad difícilmente discutible. Es increíble la capacidad que tiene la izquierda para practicar un falso feminismo cuando se trata de defender a algunas mujeres con las que tienen sintonía de un origen incomprensible para mí. Yo desconozco qué méritos profesionales o intelectuales tiene Montero. Esto, con perdón por la comparación, me recuerda mucho a la furia del feminismo mundial contra el Príncipe de Gales cuando murió Diana de Gales en un accidente de tráfico. La presentaban como una heroína sin que ella tuviera otro mérito personal que el de haberse casado con su marido. Si no hubiera sido por ese matrimonio, es decir, por ser la mujer de quien lo fue, jamás hubiera logrado ni la enésima parte de la relevancia pública que alcanzó. Pues a Irene Montero cabe aplicarle un rasero similar: si no hubiera sido la pareja de Pablo Iglesias jamás hubiera llegado a donde llegó desde la caja de un supermercado. Y ahora pueden insultarme y agredirme cuanto quieran por decir esta verdad difícilmente cuestionable.
La forma en que TVE dedicó ayer el principal bloque del Telediario-1 a defender a la ministra y atacar a Vox, relegando la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y la supresión del delito de sedición es una muestra muy clara del uso espurio que se hace de la televisión de todos los españoles.
No seré yo quien defienda airear la vida privada de nadie. Me repugna. Pero me parece todavía más intolerable que unos tengan barra libre para hacerlo y otros tengan que callarse. Por eso creo que se equivoca gravemente la portavoz popular Cuca Gamarra cuando dice en Twitter respecto a Irene Montero que «…nadie tiene derecho a ofenderla y entrar en su vida personal. Ni en la suya, ni en la nadie. El respeto es imprescindible en política». Por supuesto que estoy cien por cien de acuerdo con la última frase. Pero no estoy de acuerdo con que cómo logró ella ser ministra pueda desligarse de su «vida personal». Si a ella se le acusara de haber logrado el escaño y luego el Ministerio gracias a ser la pareja de un gran empresario o banquero que forzó a su partido político a ponerla en la lista electoral, a nadie le parecería mal que se abordara el asunto en el debate parlamentario. Pero si tu relación es con un dirigente de la izquierda española que es quien te promueve, eso debe ser amparado y apartado de las discusiones en el Congreso.
Es imposible no recordar en esta hora las críticas de Podemos a Ana Botella diciendo que llegó a ser alcaldesa de Madrid sólo por ser la mujer de José María Aznar. No veo claro cuál es la diferencia entre un comentario y otro. Lo que sí sé es que el furor de los medios en defensa de Ana Botella fue inaudible comparado con el perpetrado en esta hora en favor de Irene Montero. Y no sólo por TVE. El grado de hipocresía es verdaderamente vomitivo.
No seré yo quien defienda que la política se vuelva irrespetuosa y se pueda violar la intimidad. Jamás. Pero lo que no puede ser es que un bando lo haga reiteradamente –hay muchos más ejemplos de esta práctica por parte de Podemos– y el bando contrario se quede impertérrito mientras le dan guantazos. A los cristianos nos enseñaron desde niños que cuando te dan una bofetada hay que poner la otra mejilla. Pero no nos ilustraron sobre lo que hay que hacer cuando te dan el segundo cachete. Y menos si es un buen guantazo. Ya está bien de ser panolis.
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