29 de enero de 2023

Post-itJorge Sanz Casillas

¿Violencia? Violencia eres tú

En España no se supo qué era un escrache hasta que apareció Podemos y convirtió los términos «fascista» y «machista» en moneda de curso legal

Desde que la realidad y las resoluciones judiciales evidenciaron las carencias de la ley del ‘solo sí es sí’, Irene Montero vive en un estado de agitación que se refleja en sus intervenciones parlamentarias. Se le nota en la mirada, que dirige a las pantallas laterales del hemiciclo y que por televisión le dan un aspecto como de mujer doliente y victimizada, cuando ella es la primera que acude al Congreso con el cuchillo entre los dientes. Si algo queda del discurso original de Podemos, el de la cal viva y el asalto al cielo, lo guarda ella en su bolso de marca.
La memoria es tan frágil que el Congreso ha presenciado, en menos de 24 horas, cómo retiraban la palabra a una diputada por decir «filoetarra» mientras que a la ministra de Igualdad se le ha consentido acusar al PP de promover la cultura de la violación, una afirmación que de hacerse de las columnas del Congreso para fuera sería denunciable.
La memoria, decía el escritor alemán Jean Paul, es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. Por eso cualquier persona mínimamente informada recordará cuando la semana pasada Irene Montero decía ser víctima de «violencia política». ¿Violencia política? ¿Y tú me lo preguntas? En España no se supo qué era un escrache hasta que llegó Podemos y convirtió los términos «fascista» y «machista» en moneda de curso legal. Violencia política la padeció Cifuentes y la definió anoche mismo en Madrid Mikel Lejarza, el hombre que se infiltró en ETA en los años 70: «Los etarras pueden pasear libremente por el País Vasco y yo no», vino a decir. Hoy decir que Bildu es «filoetarra» te quita la palabra pese a ser una obviedad.
Lo de Irene Montero ya lo explicaron hace tiempo los documentales de La 2, y es la tinta del calamar. Cuando tu ley ‘estrella’ se ha confirmado como un estropicio legal solo te queda embarrar el césped y que los argumentos no rueden. Y si con eso no te llega, fingir una agresión al primer contacto para distraernos del problema de fondo: y es que hoy sale más barato depredar a las mujeres que hace cuatro años. Todo lo demás es cháchara.
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