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28 de febrero de 2024

Ojo avizorJuan Van-Halen

Patriotas

Pactó con Iglesias que no incluía la palabra España en su vocabulario y acabó empleando «patria» con la misma convicción de Stalin en 1941

Actualizada 01:30

Cuando algún dirigente de la oposición viaja a Bruselas y cuenta allí la delicada situación de la democracia en España, empezando por el ataque a la división de poderes merced a la okupación por el Gobierno, Sánchez y sus ministros le acusan de antipatriota, siempre con las mismas palabras como quien repite una letanía. Sin embargo, el presidente se permite, desde sus periplos por esos mundos, hablar de política interna de España y arremeter contra la oposición. Eso, que hasta Zapatero no se había producido, debe resultar muy patriótico. Pero, como casi todo en esta vida, tiene antecedentes.
En diciembre de 2005 Zapatero acusó al PP de Rajoy de estar formado por «patriotas de hojalata». Se elaboraba en Bruselas el presupuesto de la UE y el PP trasladó a las instituciones europeas su inquietud ante la situación económica de España. En 2018 volvió a ocurrir, esta vez con Casado en el timón de Génova, ante los presupuestos pactados entre PSOE y Podemos. Y luego se repitió con el análisis de Bruselas sobre las respuestas nacionales a la pandemia de la covid. La acusación siempre fue de antipatriotas.
Parecida reacción se produjo cuando resultaron evidentes las manipulaciones del Gobierno en sus intentos de renovación del CGPJ para no seguir las directrices de la UE sobre independencia de los altos órganos judiciales. Los culpables eran los que no tragaban. En su momento Sánchez y los suyos ningunearon el informe del comisario de Justicia, y acudieron al apoyo de doña Ursula que nunca les falla. Siempre que en Bruselas se han presentado evidencias de la deriva intervencionista y okupa de las instituciones y, por ello, antidemocrática, del Gobierno de Sánchez, la acusación ha sido que eran iniciativas antipatrióticas.
Como en toda la gestión sanchista las contradicciones con la realidad enmiendan la plana a sus promesas. Desde el Sánchez al que quitaría el sueño contar con Podemos hasta la reiteración, hasta cinco veces en una entrevista, de que nunca pactaría con Bildu. Y ahora la promesa de 50.000 más 43.000 viviendas que no existen ni existirán. Ábalos y él mismo prometieron 100.000 viviendas sociales también ante unas elecciones y en la legislatura no ha promovido ninguna. Trata de buscar el voto joven porque le está viendo las orejas al lobo. Pero los ciudadanos saben a estas alturas lo que vale la palabra de Sánchez. No se puede engañar a todos todo el tiempo, según la frase que se atribuye a Lincoln y que él nunca pronunció.
Sánchez hace lo contrario de lo que proclama y tan contento. Miente incluso cuando dice la verdad; en este caso, no habitual, procura mentir inmediatamente en otro asunto para ser consecuente consigo mismo. Es un político al que no se le escapa una mentira, se le escapa una verdad. Pero con lo del antipatriotismo se le ha ido la mano. Apareció en un mitin con una enorme bandera nacional cubriendo el escenario. Pero para él, como lo fue para Zapatero, los símbolos retratan a un «patriotismo de hojalata». Pura tramoya ocasional. ¿Cuál es el patriotismo de Sánchez? ¿Cómo lo demuestra?
Pactó con Iglesias que no incluía la palabra España en su vocabulario y acabó empleando «patria» con la misma convicción de Stalin en 1941 al llamar «gran guerra patria» a la invasión de la URSS por los nazis para tensar el nacionalismo en el que no creía; mero oportunismo. Pactó con ERC y con Bildu, como aliados preferentes, y ya sabemos el patriotismo de estos partidos. Unos intentaron un golpe de Estado y los otros son herederos de los del tiro en la nuca. Y, sobre todo, su apaño Frankenstein le llevó a compartir el desmantelamiento de España con sus proclamados enemigos. Ya prepara Aragonès un próximo referéndum. Este es el patriotismo de un Gobierno que se atreve a tildar de antipatriotas a sus adversarios políticos. Siento repugnancia.
Lo que ocurre en España no es normal en una democracia plena que merezca ese nombre. Por no hablar de los activistas en los medios. Patriotas de plastilina al servicio del más generoso. Acabo de ver a Fortes en TVE –pública y pagada por todos– entrevistando a Page. Voy a enjuagarme por si me salpicaron los lametones. Inconmensurable y ya en plena campaña. Hay activistas disfrazados de neutrales. El disfraz lo pagas tú.
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