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17 de abril de 2024

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Begoña quiso ser como su marido

Si Pedro enchufa, yo también: la mujer del presidente escribía cartas de recomendación a empresas de amiguetes para que contratasen con el Gobierno

Actualizada 09:49

Los ambientes donde todo vale nunca ayudan a fomentar la observancia de la virtud. Si ves que tu marido aprovecha la atalaya del poder para enchufar sin complejos a sus amigotes, ¿por qué te vas a cortar tú, en lugar de hacer lo propio a tu pequeña escala?
María Begoña simplemente tomó ejemplo de lo que veía en casa y quiso operar como su marido. Pero ahora –ay– puede convertirse en el talón de Aquiles de Pedro, por mucho que el oficialismo intente soslayar el escándalo de que en España tenemos una seudo primera dama que ejerce de lobista.
Imaginemos que la prensa alemana descubre que Britta, la mujer del canciller socialdemócrata Olaf Scholz, se dedicó en plenas restricciones de la pandemia a escribir una carta de recomendación para que un consorcio formado por una consultora y una pequeña escuela de negocios lograsen imponerse en un concurso público.
Imaginemos que tras esa carta de recomendación de la mujer del mandatario alemán las dos empresas apoyadas por ella empiezan a recibir contratos públicos de seis ministerios, hasta alcanzar los 15,6 millones.
Imaginemos que a Britta, sin poseer siquiera un título universitario oficial, le han regalado por ser su marido quien es una «cátedra extraordinaria» en la universidad más importante de Berlín. Imaginemos que la puesta en marcha de esa «cátedra» ha estado a cargo precisamente del dueño de la consultora a la que luego Britta ha enchufado con su carta de recomendación para ayudarle a hacerse con un contrato del Gobierno de su marido. Imaginemos que antes de la providencial mediación de Britta esas dos firmas apenas contrataban con la Administración.
Imaginemos además que en paralelo se destapa que Britta mantenía una relación de amistad con el dueño de la segunda mayor compañía de aviación de Alemania... y resulta que esa firma fue rescatada por el Gobierno de su marido con una ayuda pública multimillonaria.
En efecto: tras destapar la prensa germana todos esos hechos, Scholz dimitiría en horas. Su situación se volvería insostenible. El pueblo alemán exigiría su renuncia, pero ni siquiera sería necesario el clamor de la calle, pues los propios códigos éticos que imperan en la democracia alemana le obligarían a irse a casa de inmediato (y lo mismo ocurriría en el Reino Unido, Francia, Holanda…).
Pues bien, lo que acabamos de contar con la parábola alemana es exactamente lo que ha hecho aquí María Begoña Gómez, de 49 años, casada con el actual presidente del Gobierno desde 2006 y madre de sus dos hijas. ¿Y qué pasa en España? Pues que todos esos hechos directamente no existen la televisión pública, ni en las televisiones afines al Gobierno de socialistas y comunistas –que son casi todas–, ni en los medios que sirven al Gobierno. Por su parte, el PSOE desprecia esos hechos probados como «bulos de digitales» e intenta tapar el escándalo de la mujer lobista del presidente inventando un caso Ayuso mediante la filtración por parte de la Agencia Tributaria y la Fiscalía de las irregularidades fiscales de su pareja. Incluso intentaron inventar un «caso mujer de Feijóo». Fue utilizado como munición en el Congreso por la ministra de Hacienda, con Sánchez asintiendo a su vera, pero resulta que se desinfló en horas, pues el pequeño periódico oficialista de extrema izquierda que lo había publicado se vio obligado a desmentirlo en horas.
Pero ojo, a pesar de todos los esfuerzos del Gobierno y su Orfeón Progresista, el caso Bego la Alegre Lobista se ha convertido el principal talón de Aquiles de Sánchez (y el que más crispa a un mandatario que en privado gasta un carácter propenso a la irascibilidad destemplada).
Un poco de poesía a modo de telón. A la hora del crepúsculo, en este arranque de abril de lluvias y fríos tardíos, un hombre alto y de rostro cansado, apoyado en una augusta balaustrada monclovita, tararea melancólico una copla clásica de Conchita Piquer que escuchó en casa de sus abuelos: «No debía de quererte… y sin embargo te quiero».
El problema no estaba solo en acostarse con los separatistas catalanes.
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