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18 de mayo de 2024

El astrolabioBieito Rubido

La fuerza moral de Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, en una nueva lección de inteligencia política, y de coherencia, por qué no decirlo, ha puesto a sus compañeros de Alpedrete en su sitio

Actualizada 15:47

Ha vuelto a acertar Isabel Díaz Ayuso al pedirle al Ayuntamiento de Alpedrete que no retire el nombre de Paco Rabal a una céntrica plaza del pueblo. Como bien dice ella: «No todos somos iguales». De perseverar en ese error, los concejales del PP y Vox de Alpedrete caerán en el mismo pecado en el que milita la izquierda actual de España. Por mucho empeño que ellos pongan en borrar de la memoria de los españoles a una figura como Paco Rabal, no lo van a conseguir, ya que forma parte del acervo cultural de todos los ciudadanos y, además, porque la memoria es individual y sobre ella no se puede legislar. Roma quiso borrar de sus anales a Calígula, pero, casi dos mil años después, sigue siendo uno de los emperadores más recreados en la literatura, en el cine y en el arte en general. Y Calígula sí que era odioso.
Si rectificar es de sabios, no hacerlo es de necios. En esta ocasión, los concejales de la derecha de Alpedrete han decidido pasarse al bando de la sabiduría y rectificar a tiempo. Han obedecido a la presidenta de la Comunidad de Madrid, quien en una nueva lección de inteligencia política, y de coherencia, por qué no decirlo, ha puesto a sus compañeros de Alpedrete en su sitio. Efectivamente, no todos somos iguales y el sectarismo habla muy mal de las personas que lo practican. Lo que la izquierda extrema y la extrema izquierda, incluidos los herederos del terrorismo, tratan de hacer con la Ley de Memoria Democrática, es una imposición a la ciudadanía de un pensamiento único que intenta coartar la capacidad de estudio y reflexión. Algo ciertamente antidemocrático, acientífico y, con toda seguridad, inconstitucional. No existe nada más intolerante e ineficaz que imponer autoritariamente la memoria colectiva.
Somos de los pocos países, junto con el Afganistán de los talibanes, que cada cierto tiempo derribamos estatuas, cambiamos nombres de las calles y perseguimos a los muertos. Lo suele hacer la izquierda, en especial la más sectaria e inculta, que es la que ahora justamente nos gobierna, pero la derecha, en ocasiones, muestra también un mal rostro.
Existe una ley moral, no escrita, producto de la superación de estadios históricos par parte del hombre civilizado, que nos enseña que solo con el buen ejemplo podemos, como las llaves del judo, cambiar la posición del antagonista. Isabel Díaz Ayuso en esta ocasión lo ha hecho, que aprendan otros.
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