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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Con la boca pequeña y a tragar

Se cargó a Tomás Gómez bajo la excusa –parecida a la de la moción de censura contra Rajoy– de que estaba manchado por la corrupción. El caso en el que implicó al exlíder madrileño quedó en nada, pero Sánchez ya se había hecho con la federación de Madrid

Cuando Pedro Sánchez recuperó el poder hace ocho años contra la opinión de los barones se convirtió en dueño y señor del partido. Un césar que se apropiaba de unas siglas. No era solo el secretario general, ni el líder de la formación, ni el aglutinador de sensibilidades internas. Eso lo fue Felipe González, al que le cantaban las cuarenta sectores socialistas muy poderosos –hasta su propio vicepresidente Guerra y no digamos la FSM, donde el guerrismo mandaba más casi que los adeptos a Felipe– y aun así contaba con una ascendencia moral a prueba de disidencias. Pero Sánchez es el p… amo, como lo denominó Óscar Puente, alardeando de lo que, además de una expresión grosera, es el reconocimiento de que el suyo es un partido más parecido a un sindicato vertical que a una fuerza política con contrapesos y voces plurales.

Las primarias de 2017, las del Peugeot, que devolvieron a Sánchez a Ferraz frente a Susana Díaz convirtieron al PSOE en un mandarinato. Lo primero que hizo el líder fue aplastar a la mitad del partido, a todos aquellos que tuvieron la osadía de discutir su poder. Porque esto que vivimos es la historia de una venganza, de una patológica personalidad que solo respira para acabar con los que le expulsaron y hoy no le hacen la ola. Luego levantaría ese mismo muro en España y gobernaría de espaldas y contra más de la mitad de los ciudadanos.

Eso de laminar a sus compañeros empezó por Madrid, donde en 2015 Sánchez agarró unas llaves e invadió la sede de Callao del PSM. Se cargó a Tomás Gómez bajo la excusa –parecida a la de la moción de censura contra Rajoy– de que estaba manchado por la corrupción. El caso en el que implicó al exlíder madrileño quedó en nada, pero Sánchez ya se había hecho con la federación de Madrid, cambiado la cerradura y atrincherado donde nadie le quería. Por cierto, una federación que ha llegado a perder, bajo su puño de hierro y con los paracaidistas que ha lanzado sobre la Puerta del Sol, la jefatura de la oposición llegando a ser la tercera fuerza política, detrás de Mónica García. Un éxito apabullante del sanchismo en Madrid, que alimenta las mayorías absolutas de Isabel Díaz Ayuso.

En el nuevo y prolijo reglamento que impuso Sánchez en Ferraz desaparecieron los debates, las disidencias, la conciencia crítica. El secretario general ya no tendría que escuchar a los que opinan diferente en el seno del Comité Federal sino a la llamada «militancia», mucho más radical que su masa social, cuya ideología no es exactamente la de los electores. Así lo ha denunciado muy solventemente Joaquín Leguina. Ese nuevo código de conducta, esos estatutos sanchistas, fueron firmados por José Luis Ábalos, el secretario general de entonces. No hace falta añadir más.

Antes, en el Comité Federal jamás se aplaudía al secretario general, ahora se hace de manera servil. Hasta una docena de mujeres le hacen el pasillo a 'Su Sanchidad' cuando saben perfectamente que al que vitorean es al jefe y responsable de colocar a corruptos, alguno con veleidades prostibularias, hasta llegar a elegir para regenerar el partido a un sujeto al que sus compañeras denuncian por acoso sexual. Un partido corrupto, vamos a ver si se sustancia la financiación ilegal, que nació de los amaños en las primarias; especialmente en las andaluzas en junio de 2021, cuando los servidores de Sánchez metieron en las urnas de Almería, Córdoba y Sevilla, más de 800 papeletas falsas a favor de Espadas y contra Susana Díaz. Se incorporaron nuevos afiliados inscritos con posterioridad al 6 de mayo de 2021. Ferraz se saltó los estatutos, dando más garantías a las nuevas incorporaciones que a las opciones de Díaz.

Antes de esto, el propio Sánchez, con sus escuderos Koldo, Santos, Ábalos y Paco Salazar, fue pillado con una urna tras un biombo en las primarias de la recuperación. Así que Pedro Sánchez ha dibujado un partido sin contestación interna, con oscuros episodios electivos, que además está pringado en una corrupción nauseabunda, donde ha colaborado el Gobierno –el Ministerio de Transportes y vamos a ver si más– con ramificaciones en Ejecutivos autonómicos como el de Navarra y, con ese panorama, se presenta hoy Sánchez en el Congreso para volver a engañar a sus votantes: él sigue confiando en la estulta condición de los que le apoyan.

Pero sobre todo en las tragaderas de sus aliados que hoy le echarán la bronca, incluida Yolanda Díaz, pero le mantendrán en la poltrona. Los mismos que no quieren ni oír hablar de una cuestión de confianza porque eso sí los retrataría. Así, diciéndole tres lindezas y luego mirando para otro lado, seguirán cortando jirones de la España constitucional. Y ahora, más que nunca, Pedro les dará todo. Todo. El p… amo lo es entre los estómagos agradecidos de su partido, pero luego es un corderito para sus aliados que le mantienen con respiración asistida: cuando más débil, mejor para ellos. Hoy el Frankenstein se rasgará las vestiduras, pero todo seguirá igual. Ay, Yolanda, qué apenada se te ve.

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