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Perro come perroAntonio R. Naranjo

La tumbona

El gran espectáculo del sanchismo no ha parado en verano, aunque el jefe de pista no salga de la piscina

Act. 18 ago. 2025 - 18:45

España arde, Washington y Moscú negocian, los líderes europeos asisten al espectáculo desarmados, pero preparados por si acaso con reuniones parecidas a un congreso de pagafantas y, en ese escenario, el presidente del Gobierno español sigue de vacaciones en Lanzarote, más pendiente de lo que diga la UCO en septiembre y Puigdemont desde Waterloo que de hacer algo parecido a lo que se espera de alguien en su cargo.

Seguramente él se cree El Conde de Montecristo, encerrado injustamente en La Mareta, pero es el Barón Danglars de la novela de Dumas, ese tipo sin escrúpulos y con demasiadas ambiciones que simboliza al villano perfecto.

Ahora ha salido un poco de su jaula de oro para visitar las zonas quemadas, tras una semana y pico a mojitos, con el rictus de que andaba sufriendo mucho desde el borde de la piscina, aunque parezca mentira: un líder de sus condiciones inhumanas puede pasarlo peor que los vecinos de Paiporta tras cinco minutos en la zona, que Cerdán a las cinco y sin haber comido y que los millones de afectados en Galicia, Castilla y León, Andalucía o Extremadura por echar con ellos media tarde, con un perímetro de seguridad adecuado para alejar los chillidos.

No está prevista la vuelta de Sánchez hasta el 23 o 24, en principio de agosto y a bote pronto de 2025, aunque tal vez le pille el gusto a liderar al mundo desde una isla y se quede allí hasta que Fuertventura y Lanzarote vuelvan a estar casi unidas, como hace 18.000 años.

Lo cierto es que la torridez general que acompaña a Sánchez no le inmuta, pese a la montonera de espectáculos sinfónicos que le atruenan a la vez: el BBVA le ha llevado al Gobierno al Tribunal Supremo, entre tirones de orejas de Bruselas; la cesta de la compra se ha disparado un 40 % desde 2020; los españolitos se van de vacaciones menos que nunca y comiendo fiambre del Spar, no hay visos de Presupuestos Generales del Estado, la colonia de imputados compone ya un arrecife y, de postre, las estúpidas políticas seudoconservacionistas y el despilfarro en chuminadas inclusivas ha ayudado a los incendios a explotar y ha reducido la capacidad de respuesta.

Con este presidente todo es turbio, opaco, ponzoñoso y artero, menos un cosa: se puede contar con que nunca dirá la verdad y, por tanto, escoger el camino opuesto al que él señale para llegar a ella.

Pero hay que tenerlo hexagonales para haber desaparecido más de tres semanas con la imputada, Zapatero de vecino, Puigdemont de invitado gorrón y decir desde la tumbona, cuando ve las llamas, que este año les han quedado preciosos los fuegos artificiales a los guanches esos.

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