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El puntalAntonio Jiménez

Peinado señala a Sánchez y amarga su relato de la flotilla

Sin su «vínculo de parentesco» con Sánchez, considera Peinado con sentido jurídico y fundado, Begoña no habría incurrido en supuestos delitos de corrupción en los negocios, apropiación indebida del software de la Complutense y en definitiva de tráfico de influencias...

Cuando el espectáculo y la sobreactuación se imponen a la protesta supuestamente bien intencionada, pierde la causa objeto de la misma y gana el ruido, el montaje circense, la demagogia y la impostura. Los palestinos que deambulan en el vacío desde las ruinas de Gaza, no necesitaban grumetes de pacotilla embarcados un mes y entretenidos con batucadas y vídeos frívolos, como los difundidos por la Barby Gaza que niega las violaciones de jóvenes israelíes y la crueldad de los terroristas de Hamás, sino ayuda efectiva, alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad que llegaran a sus manos en envíos rápidos. Cualquier gobierno e instituciones, como la Iglesia católica, habrían trasladado en horas, y no un mes, la ayuda. Así se lo dijo Meloni a sus 'flotilleros' tras advertirles sobre los riesgos políticos de la excursión y acusarles de irresponsables. Pero los turistas de aventura no tenían por objeto entregar a los gazatíes ayuda alguna, sino provocar a Israel adentrándose en la zona de exclusión para ser interceptados, detenidos y provocar el alboroto de las calles y la impostada indignación de Sánchez y la izquierda caviar. La carpa del circo se les vino abajo con las primeras evidencias de que los soldados israelíes no utilizaron violencia ni fuerza, sino un trato respetuoso como el dispensado a la Thunberg, arropándola contra el frío y entregándole una bolsa con víveres.

La izquierda necesita siempre tensión y movilización, ya se lo dijo Zapatero a Gabilondo, para recuperar el espacio político perdido por sus contradicciones e ideales superados y se abraza con oportunismo a causas y banderas, como la palestina y contra Israel, con las que justificarse. No hay nada más contradictorio e incoherente que manifestarse por la paz violentando la calle o cuestionando el único plan, impulsado por Trump y apoyado por el mundo árabe, que puede acabar con la guerra. Podemos, Sumar y hasta Sánchez evidencian la incomodidad que supone la posibilidad de que el conflicto llegue a su fin después de interiorizarlo entre los suyos y rentabilizarlo políticamente.

Sánchez estirará el chicle de su impostura gazatí hasta el extremo de debatir en el Congreso el próximo martes 7 de octubre, segundo aniversario del horror desatado por Hamás contra jóvenes israelíes que celebraban precisamente un concierto en favor de la convivencia pacífica en la Franja, el embargo contra Israel. Como no creo en las casualidades, sospecho que se trata de un acto de maldad manifiesta o de ignorancia e irresponsabilidad. Y si es por lo segundo, cabe recordar a Diderot y Hanlon, entre otros muchos, y aplicarle a Sánchez y los suyos el principio de no atribuirle a la maldad lo que se explica por la estupidez, con lo que resulta mucho más reprobable hacer el debate justo ese día.

Resultará otra cortina de humo como la que pretende lanzar sobre el blindaje constitucional del aborto, con el fin de seguir desviando la atención de la corrupción familiar y política que ha crecido a su sombra. Nada de eso, sin embargo, conseguirá suplantar la cruda realidad impuesta por autos como los del juez Peinado señalándole directamente a él como colaborador pasivo, pero imprescindible, para que Begoña haya aprovechado la Moncloa y la presidencia de su marido haciendo negocios privados.

Sin su «vínculo de parentesco» con Sánchez, considera Peinado con sentido jurídico y fundado, Begoña no habría incurrido en supuestos delitos de corrupción en los negocios, apropiación indebida del software de la Complutense y en definitiva de tráfico de influencias, sobre los que decidirá su inocencia o culpabilidad otro jurado popular, como el que podría juzgarle la malversación. Jurado ahora denostado por los mismos socialistas que lo consideraron idóneo para nuestra legislación y que el juez aplica al caso correctamente.

Quienes conocen a Juan Carlos Peinado ponderan su laboriosidad y compromiso profesional. Cualquier otro juez de su edad, pensando en el horizonte inmediato de la jubilación, se habría deshecho del caso Begoña convencido de que sería objetivo, como lo es Peinado, desde el Gobierno y sus terminales mediáticas de campañas difamatorias de descrédito, desprestigio e intimidación. Los mismos que le conocen dicen de él que nada de esto le ha importunado. Y menos las amenazas, denuncias y recursos que han jalonado sin éxito su investigación. Por el contrario todo ello ha reforzado su decidida actitud de seguir trabajando, fines de semana y «puentes» incluidos, hasta concluir la instrucción.

Llegados a este punto Begoña Gómez será juzgada y resultará culpable o inocente , pero de lo que ya no quedarán absueltos Sánchez y sus corifeos políticos y mediáticos es de haber atacado la independencia de un juez de manera perversa y antidemocrática. Y tampoco Begoña Gómez será exculpada de su censurable comportamiento transgrediendo el principio de ejemplaridad y honestidad, exigibles a la mujer del «César Sánchez». Begoña ni ha sido ejemplar, ni lo ha parecido, a tenor de lo mucho que sabemos por la investigación del juez Peinado.

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