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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Desayuno con diamantes

Así que sepamos todos que, tras repasar la agenda oficial de Ábalos de aquellos días de desenfreno, cuando confirmaba en rueda de prensa a primeros de 2021 las bonificaciones en la AP-9 y el impulso definitivo a la llegada del AVE a Galicia, chateaba con Koldo para que comprara en Tifanny´s pulseras «para la p..»

José Luis Ábalos Meco sigue siendo diputado. Y el catre que probablemente le espera en una cárcel madrileña –la acusación popular no quiere que vaya a Soto para no compadrear con Santos– tendrá que aguardar unas semanas más. El juez Leopoldo Puente está yendo con pies de plomo para no patinar. Por eso en su auto no decretó el ingreso en villa candado de Ábalos, pero sí instó al Congreso a que haga lo posible por evitar este bochorno que consiste en que sobre un diputado nacional pesen indicios sólidos de delitos graves y el interfecto siga con su escaño como si nada pasara. La explicación del susodicho, según llora por los platós, es que está tieso y necesita el sueldo; hecho que da buena cuenta de lo bajísimo que cotiza ser parlamentario en el sanchismo, ese universo que encima se ha enfadado con el magistrado por mostrar su «estupor». Ostentar un acta de diputado vale un salario a fin de mes, la cotización a máximos, un fondo de pensiones jugoso y una tableta para seguir las noticias sobre tu procesamiento. Y ustedes creían que era un honor para los electos asumir la representación de la nación; qué va, es asegurarse 5.000 euros mensuales mientras las «lechugas» tengan que estar escondidas para que el juez y la Agencia Tributaria no las encuentren.

Pero a la espera de su futuro penal, el exministro sigue contribuyendo al género picaresco y cinematográfico. Y es de agradecer. Ese hombre que ganó unas primarias para su jefe, entonces enfrentado con los barones del partido, y que subió a la tribuna en la primera moción de censura exitosa de nuestra democracia para leernos el catecismo de la decencia y el feminismo, es un dandy con todos los atributos exigibles: les pone un piso y paga los gastos de los niños, las neveras para el ático, los viajes en AVE y el curro en empresas públicas. Pero nos estaba haciendo falta un toque de glamur que ha terminado floreciendo gracias a las últimas conversaciones grabadas por la UCO. Ya sé que José no es George Peppard. Ni Jesica ni Michel ni Rosa ni Gabriela ni Rozalía (o, si lo quieren, las conocidas en los teléfonos de sus «chicos» como «Ofelia Stoica», «La Rumana», «La loca2», «La zorra», o «La p…») son Audrey Hepburn. Que me perdonen los dos grandes actores desde sus tumbas. Pero hay que reconocer que, aunque a José Luis Ábalos y a Koldo no les adornara la finura y la exquisitez, las chicas con las que se relacionaban sabían en qué consiste la distinción y la clase, sabían disfrutar de un buen «desayuno con diamantes». Y tasaban al vuelo las buenas joyas, esas que visten una mano o un cuello más que cualquier prenda parisina. Sobre todo, sabían distinguirlas de la charcutería fina, en acertada expresión de Marujita Díaz cuando se refería a la bisutería barata. Ellas no se vendían por unos aros del mercadillo.

Ahora que no me oye Audrey, que sepa que a Jesica, esa sobrina de ministro que solo abrió el ordenador para hacer un curso de riesgos laborales pero que cobró religiosamente un sueldo público adjudicado por su entrañable tío, le gustaban los pendientes de oro rosa. Su piel clara no casaba bien con la plata o el oro amarillo; así se lo recalcaba a Koldo. Pero tampoco hacía ascos a una pulsera de Tiffany´s por 2.450 euros. Los desayunos de las chicas de Ábalos tenían que ser afrancesados, como ellas: fresas, champagne y diamantes, muchos diamantes. Que se notara quién mandaba en el sanchismo y quién manejaba el mayor presupuesto del Consejo de Ministros.

Así que sepamos todos que, tras repasar la agenda oficial de Ábalos de aquellos días de desenfreno, cuando confirmaba en rueda de prensa a primeros de 2021 las bonificaciones en la AP-9 y el impulso definitivo a la llegada del AVE a Galicia, chateaba con Koldo para que comprara en Tifanny´s pulseras «para la p..». Que cuando el titular de Transportes prorrogaba las limitaciones de entrada a España por vía aérea y marítima desde el Reino Unido y por vía aérea, desde Brasil y Sudáfrica, su verdadera obsesión era que Koldo no se confundiera y la pulsera para Jesica fuera de oro rosa. Que el día que comparecía en la sala de Moncloa para dar cuenta de las inversiones en Transportes, el cariñoso ministro exigía a su lugarteniente una reserva en el Asador Donostiarra para comer con su churri y que lo pagara el erario, porque «yo no llevo dinero». También le quitaba el sueño que su mano derecha ingresara a Michel peculio porque no tenía ni para comida. «¡Si me pudiera deducir esos donativos de la renta!», bromeaba en privado mientras clamaba que era feminista porque era socialista.

Qué pena que no tuviera tiempo de llevar a Jesica frente al escaparate de Tiffany´s en Nueva York y que esta, detrás de unas gafas negras y vestida de Givenchy con sus guantes negros, nos cantara Moon River. No tiro la toalla de que la Guardia Civil termine regalándonos ese material.

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