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El puntalAntonio Jiménez

La caja B de la banda del Peugeot

Mientras Sánchez no demuestre que el dinero de los sobres con el logo del PSOE cobrados por Ábalos y él mismo, una vez que reconoció haber recibido pagos en efectivo, procedía del banco y no de las mordidas y comisiones de la trama, la sospecha de que el partido se financió ilegalmente es más que fundada

Sánchez miente porque le sale gratis; por ahora. Su falta de compromiso con la verdad y la osadía con la que hace afirmaciones incompatibles con la realidad que vive, como la de que «mi gobierno es uno de los más decentes de la Unión Europea», no le pasan factura; de momento. Un país en el que la gente se moviliza por Palestina, a pesar de firmarse un alto el fuego e iniciarse un proceso de paz esperanzador, y no por los trenes que dejan tirados a los viajeros en medio de la nada mientras su ministro responsable se dedica a tuitear contra periodistas y oposición en vez de solucionar el problema, no es fiable. Tampoco lo es cuando los ciudadanos callan sin alzar su voz contra el 'basurazo' de Sánchez o ante la dificultad de acceder a una vivienda, salvo que seas okupa y cuentas con amparo legal. No es lógico que la sociedad se resigne y no proteste contra la pérdida de poder adquisitivo por culpa de la inflación galopante mientras el Gobierno presume de que la economía española va como una locomotora o un cohete y crece más que ninguna otra de Europa, siendo su clase media más pobre que hace cinco años.

Y si nada de esto, aparentemente, preocupa a la gente, cabe preguntarse si la corrupción en el entorno familiar de Sánchez y en la dirección del partido que dirige, tendrá consecuencias para sus intereses electorales. Dada su afición a convivir con la impostura no sorprenderá que su próxima comparecencia ante la comisión del Senado que investiga el muladar de Cerdán, Ábalos y Koldo, la sustancie con una buena ración de mutismo y algunos embustes, por más penalizado que esté responder con mentiras, o pudieran interpretarse sus calladas por respuesta como una confesión de parte dando por bueno el dicho de quien calla otorga.

En cualquier caso la prueba del algodón senatorial le saldrá positiva o negativa en función de que sea capaz de aclarar documentalmente si las cantidades de dinero en metálico que cobró del partido, como ha admitido, no superaron los 1.000 euros, cantidad máxima para no incurrir en delito penalizado por su gobierno en los pagos en efectivo, y si ese dinero en cash procedía de las cuentas bancarias del PSOE o formaban parte de la misma caja B que nutría de chistorras, lechugas , soles y folios a Cerdán y Ábalos para sufragar sus gastos privados y oficiales. Mientras Sánchez no demuestre que el dinero de los sobres con el logo del PSOE cobrados por Ábalos y él mismo, una vez que reconoció haber recibido pagos en efectivo, procedía del banco y no de las mordidas y comisiones de la trama, la sospecha de que el partido se financió ilegalmente es más que fundada y la posibilidad de que forme parte de la investigación judicial en marcha estaría más que justificada. Paradójicamente, es la misma mierda que Sánchez y Ábalos afearon a Rajoy y acusaron al PP para echarle de la Moncloa mediante la moción de censura. Entonces, ciertamente, contaron con el apoyo de los mismos partidos que de manera hipócrita y vergonzante miran ahora para otro lado y aceptan convertirse en cómplices de la corrupción sanchista.

Los dirigentes independentistas catalanes, nacionalistas vascos, bilduetarras y demás excrecencias parlamentarias de la izquierda totalitaria, tan locuaces e inquisitoriales con las corruptelas del PP, callan sobre el muladar del sanchismo sin importarles exhibirse frente a sus electorados como políticos hipócritas, deshonestos e incoherentes. Y tampoco parece incomodarles, como ha señalado con estupor el juez Leopoldo Puente en su último auto sobre los acreditados y reforzados indicios de corrupción y delitos perpetrados por Ábalos, que éste siga siendo un padre de la patria, con escaño en el Congreso y voto para aprobar normas con rango de ley.

Es una iniquidad que Ábalos, cuya presunción de político honesto, honrado y respetable la perdió siendo miembro del Gobierno de España y dirigente del partido que lo sustenta, entre prostitutas y mordidas hasta degenerar en un tipo corrupto y amoral, continué siendo diputado. La oportuna admonición del juez del supremo, Leopoldo Puente, compartida por cualquier ciudadano de bien, ha sido criticada, sin embargo, por ese prototipo de contrastada estulticia intelectual que es Patxi López y otras lumbreras, como Marisu Montero y Ángel Víctor Torres, de quien se dice que «empiece a calentar que sale», ante el inminente informe de la UCO que le va a comprometer seriamente.

Es insultante que integrantes del mismo gobierno señalado por sus constantes ataques a los jueces, a la independencia judicial y la separación de poderes, alcen sus voces hipócritamente en defensa de esa misma división de poderes y de la independencia del legislativo, el parlamento, ante lo que consideran una intromisión del magistrado Puente por haber expresado lo que una inmensa mayoría de españoles opina: que no es admisible ética y democráticamente, sino intolerable, que alguien con contundentes indicios de criminalidad a sus espaldas, cometidos desde el Gobierno de Sánchez siendo su ministro de máxima confianza, y con una contrastada amoralidad y deshonra, conserve su acta de diputado y forme parte del Parlamento español. Todo esto debería ser suficiente para llevarse por delante cualquier gobierno democrático menos al de Sánchez, en el que la bula y los bulos conviven en una estrecha armonía digna de un régimen autocrático.

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