Qué hacían Rusia y China en Venezuela
Desde la Venezuela de Maduro se ha desplegado la influencia china en Iberoamérica. Todo empezó hace unos veinte años. 60.000 millones de dólares en préstamos pagaderos en petróleo, inversiones para ampliar infraestructuras tales como puertos y ferrocarriles
Desde la Venezuela de Maduro se ha desplegado la influencia rusa en Iberoamérica. Sus relaciones privilegiadas empiezan hace unos diez años. El país ya estaba hermanado con la Cuba comunista desde el inicio del chavismo. En realidad, el castrismo metió las narices en Venezuela desde el principio con el envío de guerrillas de izquierda, intromisión que llevó a la ruptura de relaciones tan pronto como en 1961. Ahora, el control era puramente parasitario: Cuba no sobrevivirá sin succionar esos recursos ajenos. De ahí que para la vieja dictadura de 67 años este sea el momento de mayor peligro desde Bahía Cochinos. Con la ventaja para la libertad de que aquella operación tropezó con un presidente estadounidense más torpe y vulnerable de lo que nos ha vendido la leyenda artúrico-kennediana.
Bajo el paraguas de un régimen asesino que llegaría a falsificar groseramente las elecciones presidenciales, Rusia colocó en Venezuela sistemas avanzados de defensa aérea y entrenó, con sus famosos «asesores», al Ejército venezolano. Por usar los términos estadounidenses, tan prácticos y realistas, la esfera de influencia rusa crecía cerca de su país. Mientras, las sanciones contra el régimen de Maduro eran burladas una y otra vez gracias al auxilio de Putin: las principales petroleras rusas extraían y comercializaban crudo de Venezuela. Sumemos los préstamos de Putin y la generosa reestructuración de la deuda venezolana. El resultado se llama dependencia. Hace ocho meses, Putin y Maduro firmaron un acuerdo de asociación estratégica, reforzando la ya tenaz protección de la tiranía hispanoamericana desde el mismísimo grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, donde resulta estar también China (enseguida vamos), más la siempre antiamericana Francia. Esta incurable fobia fue abordada con agudeza por Jean-François Revel en ‘La obsesión antiamericana. Dinámica, causas e incongruencias’. El Consejo de Seguridad, vestigio de un mundo desaparecido, sigue otorgando «legalidad internacional» al uso de la fuerza militar.
Desde la Venezuela de Maduro se ha desplegado la influencia china en Iberoamérica. Todo empezó hace unos veinte años. 60.000 millones de dólares en préstamos pagaderos en petróleo, inversiones para ampliar infraestructuras tales como puertos y ferrocarriles. Recepción por China del 80 % de las exportaciones de crudo venezolano y, con ello, burla de las sanciones internacionales al régimen, que seguía siendo viable en la misma medida en que crecía su dependencia de China. Obtención en Venezuela de litio y coltán, minerales estratégicos. Joint venture de China National Petroleum Corporation con Petróleos de Venezuela. Añadamos a esto venta de armas, drones, sistemas de radar, y el consabido auxilio de asesores en ciberseguridad. Más entrenamiento de tropas. Los sistemas chinos de reconocimiento facial han permitido perseguir y reprimir con diabólica eficacia a la oposición venezolana. Huawei llevó el 5G a Venezuela. Otro día nos ocuparemos de Irán.
En Venezuela, Trump ha marcado el terreno a las otras dos superpotencias, ambas dictatoriales. Gracias a la particularidad estadounidense, nuestros hermanos venezolanos pueden aspirar a la libertad con garantías. Pero la operación tiene muchas otras derivadas.