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HorizonteRamón Pérez-Maura

El desprecio de Sánchez a Cantabria

Es muy debatible para qué nos han servido las autonomías. Sobre todo, algunas. Pero el desprecio que Pedro Sánchez está demostrando a casi todas ellas con la cuestión de la financiación autonómica tiene muchos niveles de degradación

No seré yo quien defienda nuestro sistema autonómico. Me gusta muy poco, aunque tengo dicho en estas páginas que menos mal que lo tenemos, porque si no fuera así, careceríamos de ningún contrapoder político que pudiera frenar las ansias totalitarias del sanchismo que padecemos.

Entre todas nuestras comunidades autónomas las hay con más o menos razón de ser. Pero creo que hoy sería muy difícil hacer ese cambio del mapa administrativo español. Y como uno va acumulando demasiados años tengo bastante fresco en la memoria el recuerdo de cómo se gestó el nacimiento de lo que hoy llamamos Cantabria. Ese nombre lo promovió un insigne presidente de la Diputación Provincial de Santander, Pedro Escalante Huidobro, que lo fue entre 1962 y 1970 y que era nieto del ilustre escritor Amós de Escalante. Pedro fue popularmente conocido como «el Cantabrón» por su empeño en cambiar el nombre de la provincia de Santander. Y ya en la Transición democrática surgió una organización llamada Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) que hizo popular el lema «Sin Castilla y León, Cantabria es región». Y de ahí acabaría surgiendo el Partido Regionalista de Cantabria.

Es muy debatible para qué nos han servido las autonomías. Sobre todo, algunas. Pero el desprecio que Pedro Sánchez está demostrando a casi todas ellas con la cuestión de la financiación autonómica tiene muchos niveles de degradación. Primero dicen que se recibirá en función de cuánto se aporte y resulta que la Comunidad de Madrid, que es la que más contribuye, queda relegada. Claro que, aquí se trata de todo menos de que se beneficie Madrid de ninguna manera.

Pero después de eso hay otro caso verdaderamente notorio. ¿Cuántas veces han oído ustedes decir en los últimos días a la vicepresidenta Montero que en este modelo todas las comunidades autónomas salen beneficiadas? Todas. Ella dice que todas. Y según las cifras oficiales el incremento de financiación para Cantabria y Extremadura es cero. Debe de ser que los nacidos en esas tierras y los que las habitan somos los más tontos. Nos quieren convencer de que recibir cero nos beneficia.

Pero ha habido otro ejemplo del acoso reciente a Cantabria del que apenas he visto alguna referencia mucho menor en El Diario Montañés. Resulta que entre las últimas competencias que Sánchez ha regalado al Gobierno vasco están las de Salvamento Marítimo. Y habrá quien piense que eso es una cuestión menor. Pero estos casi nunca están interesados en cuestiones menores.

El servicio de Salvamento Marítimo cuyo traspaso se anuncia, efectivamente tiene su base en el País Vaco, pero comparte medios técnicos con Cantabria y asiste a la flota pesquera de esta comunidad además de colaborar en labores de búsqueda, rescate y salvamento en la costa Oriental de Cantabria. Por eso era lógico que esta actividad tuviera su mando en el Gobierno de la nación. Porque ahora va a resultar que el servicio de salvamento de la costa este de Cantabria lo va a prestar el Gobierno vasco. Que no es que a mí me parezca mal en teoría. Pero es lo más incongruente que se puede dar en el sistema autonómico que tenemos.

Más allá de cómo afecte esto a los cántabros y sus marineros, lo que me parece relevante para todos los españoles es que es un ejemplo perfecto de cómo Sánchez está dispuesto a desmontar la estructura del Estado. Siga él en Moncloa y que los marinos cántabros vayan a mendigar ayudas al vecino. Menos mal que las leyes (no escritas) de socorro en la mar están por encima de cualquier perversión política. Ni Sánchez puede acabar con ellas.

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