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HorizonteRamón Pérez-Maura

El fusilamiento de Julio Iglesias

Desde que saltó la noticia del archivo, lo he visto venir. Nueva campaña denunciando la culpabilidad de Julio Iglesias. Porque pese al archivo, Iglesias sigue siendo culpable porque la Justicia no niega que él perpetrara las agresiones sexuales y la trata

Así que la Fiscalía ha decidido archivar la denuncia contra Julio Iglesias. Dos trabajadoras le denunciaron por agresiones sexuales. El cantante respondió enseñando los mensajes que se cruzó con ellas. La relación que se deducía de esos mensajes era de una camaradería muy superior a la que cualquier artista de fama mundial mantiene con las personas que están a su servicio.

Finalmente, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha decidido archivar la causa «por falta de jurisdicción de los tribunales españoles y, por lo tanto, la falta de competencia de la Fiscalía de la Audiencia Nacional para conocer de la investigación preprocesal de los hechos denunciados». Desde que saltó la noticia del archivo, lo he visto venir. Nueva campaña denunciando la culpabilidad de Julio Iglesias. Porque pese al archivo, Iglesias sigue siendo culpable porque la Justicia no niega que él perpetrara las agresiones sexuales y la trata. Simplemente, la Fiscalía de la Audiencia Nacional se declara no competente para seguir la causa. Y si eso es así, ¿tan incompetente es la ONG que apoya a las dos supuestas víctimas que no sabía que la Audiencia Nacional no era el lugar para abrir la causa?

Yo estoy seguro de que los representantes de las dos denunciantes sabían perfectamente lo que hacían. Por alguna razón, lo único importante era destruir la imagen de Julio Iglesias. Como hemos visto, en diez días se le ha sometido a un escarnio público equivalente a una ejecución sumarísima. Y ahora el archivo da igual porque Iglesias nunca se va a poder quitar de encima la mugre que le cubre.

Hace tiempo que sabemos que no hay condena más dura que la pena de telediario. Pena que en casos como este se amplía a tertulias arrabaleras que ocupan horas de televisión. Y aquí no hay manera de restituir el buen nombre del acusado nunca condenado. No seré yo quien defienda la forma de ser de Julio Iglesias. Soy aficionado a su música y recuerdo haber ido a tres conciertos suyos a lo largo de décadas. Pero nunca me gustó su forma de ser y su forma de abrazar a las mujeres. Aunque nunca vi ninguna que pareciera molestarse. Antes al contrario, sonreían aparentemente encantadas. Y no se apartaban.

Tras el caso de las dos trabajadoras que ha archivado la Fiscalía de la Audiencia Nacional, se quiere procesar a Iglesias por los mensajes cruzados con ellas que ha hecho públicos pues en alguna de esas imágenes se ve el nombre de la interlocutora. Y esto también es un dato muy relevante. He dicho y repito que los abusos sexuales son intolerables y deben ser perseguidos. Pero nadie es culpable hasta que se demuestra que lo es. Resulta que sólo por acusarle Iglesias puede ser sometido a todo tipo de ataques y vejaciones en nuestro patio de monipodio. Pero quienes le acusan, vaya usted a saber con razón o sin ella, deben ser protegidas incluso cuando se archiva la denuncia que hacen. Es decir, no todos somos tan iguales ante la ley. Como en Rebelión en la Granja de George Orwell, «todos los animales son iguales [ante la ley], pero algunos animales son más iguales que otros».

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