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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

Dar la cara para mentir, ¿qué virtud es esa, señor Puente?

Puente parece corresponderse con esos parásitos de la política que chupan silenciosamente a la oruga hasta vaciarla haciendo que, al final, del envoltorio salga, en vez de una mariposa, una avispa con la que hay que tener cuidado incluso muertas

Cuál cruce de vías, España asistía ayer por la mañana en el Senado al funeral del Estado, que no de Estado, tras la negligencia e incompetencia gubernamental en la catástrofe ferroviaria de Adamuz y por la tarde, en Huelva, a las exequias por sus 45 víctimas mayoritariamente originarios de esta provincia. Si bien a las familias de los difuntos del mayor desastre de la Alta Velocidad les gustaría pensar que ojalá sus muertes sirvan, al menos, para evitar futuros infortunios como este, nada aventura que sea así, pese a la admonición del obispo de Huelva en su homilía de que hay que «esclarecer la verdad» y «actuar con justicia para que su sacrificio no sea olvidado», así como para que no se repitan tragedias semejantes en el futuro.

No ha acaecido con los guardias civiles asesinados de Barbate donde las mafias andan tan crecidas como el Gobierno ausente como tampoco con los mártires de ETA cuyos jefes marcan hoy el designio de la España sanchista. ¿A quién puede extrañar que un huérfano del descarrilamiento afee a Sánchez que tema más una cruz que a la serpiente de Bildu con su inasistencia al funeral religioso de ayer. «Noverdad» Sánchez no quería que los aplausos a los Reyes se tornaran abucheos contra un presidente tan empático como él.

Como exclamó el gran poeta romántico sevillano Bécquer: «¡Dios mío! Que solos se quedan los muertos», después -podría añadirse- de ser sepultados entre paletadas de falsedades. Fue lo que acreditó ayer el ministro de Transportes, Óscar Puente, ese político ducho en el barro, más que en la Administración, como lo describió el peneuvista Igotz López, en un recital de despropósitos que lleva a preguntarse de cuándo acá dar la cara para mentir es una virtud política por quien encharca el terreno de juego para que la verdad no ruede.

Más allá del hecho irreversible de la mortandad de la tarde-noche del 18 de enero, aún no se sabe cómo pasó, por qué y a causa de quien. Aun así, con desparpajo, aseveró que un euro en mantenimiento en España luce más que en Alemania donde no tienen en la cárcel al exministro de Transportes y a un consejero de Adif tan sui generis como un antiguo portero de prostíbulo, así como imputados a expresidentes de la gestora pública de las infraestructuras ferroviarias. Cuando la corrupción no sólo roba al contribuyente, sino que lo mata, Puente saca pecho sin darse cuenta de que lo que enseña es la chepa. Después de publicitar trenes a 350 kilómetros por hora, cuando los maquinistas aseguraban que el mal estado de la Alta Velocidad no soportaba circulaciones ni siquiera a 160 en algunos tramos, el petimetre respondió a quienes apremian su dimisión –PP, Vox y Junts– que la red está «cerca del riesgo cero».

En cierto sentido, Puente reprodujo el pasaje de A través del espejo, de Lewis Carroll, en el que Humpty Dumpty se ríe desdeñosamente de una perpleja Alicia a la que le patentiza que, «cuando yo utilizo una palabra, significa justamente lo que yo quiero que signifique: ni más ni menos». «El asunto es –le objeta al vanidoso ovoide- si tú puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes». «La cuestión es –zanja Dumpty Dumpty– quién es el que manda: eso es todo». Y Puente se siente seguro mientras le valga de escudo a un Sánchez que ya no se reconoce ni mirándose en el espejo y al que suplió como peón de brega en la investidura fallida de Feijóo para poner de chupa se dominé al ganador de las elecciones de 2023.

En todo caso, después de aparecer en un visto y no visto en Adamuz para manifestar que desgraciadamente las tragedias sobrevienen, como si este pueblo cordobés hubiera registrado un desastre natural, para Sánchez, lo significativo es que él este bien. Como tranquilizó a los suyos tras salir escopetado como un galgo de Paiporta abandonando a los Reyes y al entonces presidente Mazón ante las inclemencias de los siniestrados por la dana.

Por eso, el huésped de La Moncloa no voló ayer a Huelva empleando este tiempo de duelo popular para restañar su Alianza Frankenstein como la mañana de la riada de Valencia consumó su abordaje a una RTVE a la que dedica más dinero que a mantener las vías de la Alta Velocidad, así como para recomponer su relación con su exministro Ábalos que, al renunciar al acta de diputado, le presta un respiro parlamentario –el PSOE ya sólo precisa la abstención de Junts– y judicial. Al desistir de su aforamiento, los amaños de obra pública que implican al exsecretario de Organización, Santos Cerdán, surcan a la Audiencia Nacional demorando la instrucción unos años, así como una década una eventual condena. Claro que por ahí ronda el comisionado/comisionista que ayer declaró en la Audiencia Nacional que la ahora hoy presidenta en funciones de la dictadura venezolana, Delcy Rodríguez, entregó un sobre que demostraría la financiación irregular del PSOE y la candidatura de Sánchez a la Internacional Socialista que preside.

Pero aquí el embuste se convierte en letra del BOE y se aprovecha la exposición de motivos del real decreto ley de ayudas a las víctimas para presumir de que, de manera inmediata, se activaron todos los mecanismos de rescate cuando los guardias civiles desplazados ni siquiera sabían de la existencia del Alvia. Y qué decir de que el Gobierno ordenara a los policías del encuentro Córdoba-Málaga que se dieran media vuelta camino de Adamuz.

A este respecto, las mendacidades de Puente han sido persistentes afirmando que la línea Madrid-Sevilla había sido «renovada por completo» moviendo a la perplejidad incluso de Ignacio Barrón, presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF): «Todos creíamos que se había hecho una remodelación integral de la línea Madrid-Sevilla después de 30 años de funcionamiento y no ha sido así». Otro tanto con la supresión de la Unidad de Emergencias, Seguridad y Gestión de Crisis, siendo reemplazada por un observatorio cuando una unidad está para intervenir y un observatorio para advertir al carecer de capacidad de actuación directa, según el Real Decreto de creación.

En su manual de elusión de responsabilidades desde la pandemia del COVID al siniestro de Adamuz, sin olvidar la Dana y el Gran Apagón, el sanchismo consolida un preocupante patrón para encenagar la realidad tratando de ganar tiempo y dejar a salvo al presidente con una agenda alternativa que imposibilite que una chispa le socarre el traje. Sustituye la información por una lluvia de barro que impida aclararse, polariza a la sociedad para eludir la rendición de cuentas y deslegitima a los medios de comunicación que revelan datos comprometedores. A la par, atiza a la oposición sin derecho a juzgarle hasta el presidente da por finiquitada la crisis con alguna declaración triunfal como el «saldremos más fuertes» del Covid.

Incapaz de prever un descalabro tan anunciado, difícilmente lo remediara quien está más ocupado de su defensa como antes estuvo más enfangado en las redes sociales que en prevenir lo previsible. Malamente puede ser cirujano de sí mismo quien empuña una navaja cabritera negando incluso aquello que firma en el BOE. Parafraseando al filósofo alemán Ernst Jünger, Puente parece corresponderse con esos parásitos de la política que chupan silenciosamente a la oruga hasta vaciarla haciendo que, al final, del envoltorio salga, en vez de una mariposa, una avispa con la que hay que tener cuidado incluso muertas.

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