Epstein y España: no somos nadie
No son pocos los que acusan a Epstein de espía porque se veía a la vez con altos cargos del Kremlin de Putin y de la Casa Blanca de Bill Clinton. Por cierto, la foto de este último vestido de mujer en una de las fiestas no quiero ni pensar lo que puede significar
Cuando yo estudiaba la carrera en la segunda mitad de la década de 1980 en la Universidad de Navarra había en España un nuevo astro ascendente, una suerte de semidios. Se llamaba Mario Conde y todo el mundo quería estar en su entorno. Ir a los mismos restaurantes que él, al mismo flamenco, a las mismas cacerías, navegar las mismas aguas y, sobre todo, hacer negocios con él. Si no habías tenido algún roce con él, no eras nadie. Y a él también le gustaba exhibir cercanía con el poder. En especial con la Familia Real hasta llegar a atribuirse el pago de los gastos hospitalarios de la agonía de Don Juan en la Clínica Universitaria de Navarra. Afortunadamente, Alfonso Ussía puso la verdad en su sitio. Y Mario Conde acabó en el suyo.
Confieso que sigo deslumbrado con las historias que van saliendo de Jeffrey Epstein. Y no sólo las perversiones sexuales en las que parece que abundaban las menores de edad. Yo saludé por primera vez al ahora caído lord Mandelson en Candeleda, en casa de los Garel-Jones, donde él estaba con su pareja. Un hombre más joven. Nunca ocultó su homosexualidad. Así que sospecho que, si tenía una relación tan estrecha con Epstein y sus fiestas, en las que le fotografiaron en calzoncillos, allí debía haber de todo. Una de las varias veces que dejó de ser ministro lo fui a entrevistar a su oficina parlamentaria. El edificio, junto al Támesis, se llama Portcullis House. No sé en qué pensé cuando Mandelson me citó en esa dirección. Veremos qué más consecuencias tiene el caso Epstein-Mandelson para el primer ministro, sir Keir Starmer, que decidió nombrar a Mandelson embajador en Estados Unidos, sabiendo de su amistad con Epstein
En el Reino Unido Epstein se ha llevado por delante al Príncipe Andrés en una decisión asombrosa. Andrés era Príncipe por ser hijo de Rey. Punto. Adquirió esa condición al nacer hijo de su madre. Y, en un caso sin precedentes, ha perdido ese rango de la realeza y cada vez está más cercado por la Policía. ¡Lo que debía saber ya el Rey Carlos cuando tomó esa difícil medida!
Pero uno va mirando por el mundo y en todas partes hizo amigos Epstein: en varias Casas Reales –ningún indicio en la de España. En diferentes países europeos: es notorio el caso del exministro Jack Lang en Francia. Y ahora ¡hasta en Rusia! Las actividades que ha tenido Epstein en el entorno de Putin han sido increíbles. No son pocos los que acusan a Epstein de espía porque se veía a la vez con altos cargos del Kremlin de Putin y de la Casa Blanca de Bill Clinton. Por cierto, la imagen de este último vestido de mujer en una de las fiestas no quiero ni pensar lo que puede significar.
¿Tomó alguien el Lolita Express de Epstein sin saber a qué lo dedicaba el hoy difunto financiero? Yo tengo un íntimo amigo que lo hizo una vez. Estuvo despachando con Clinton en la Casa Blanca y le comentó que se iba a Cuba intentando superar algunas complicaciones de avión en un momento en que no había vuelos directos. Y Clinton le ofreció llamar a su amigo Epstein que ese día volaba a La Habana desde Washington para que lo llevase. Mi amigo aparece en algunas listas.
Sinceramente creo que no se puede condenar a quien fue una vez, no a Cuba, sino a ese paraíso émulo de Sodoma y Gomorra propiedad privada de Epstein. Supongo que si a mí me hubieran invitado a pasar un fin de semana en una isla caribeña a la que iban habitualmente Clinton, Trump o el Príncipe Andrés hubiera aceptado sin dudarlo. Mas no tengo duda de que si hubiese visto lo que se cuenta que allí ocurría, no habría vuelto.
Pero también me llama la atención el escaso interés que se tomó Epstein en España. Nos han contado que el nombre de Aznar aparece dos o tres veces porque alguien del entorno de Epstein pidió su contacto y le dieron la dirección postal de La Moncloa. Como relación equivale a cero. Un poco más intenso fue el trato de Ana García Obregón, del que no conozco intimidades. Pero tal y como lo sacó el New York Post, no debió ser algo marginal.
Habrá que reconocer que, visto lo que buscó en otros países Jeffrey Epstein, si en España no pasó de Ana Obregón, es que no le debíamos importar lo más mínimo. De lo que me alegro mucho.