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Al bate y sin guanteZoé Valdés

Pedro Sánchez, giro geopolítico al estilo Castro

España podría estar buscando maximizar sus intereses sin renunciar a sus alianzas tradicionales. El tiempo dirá si este acercamiento será el inicio de una nueva era para la política exterior española o simplemente una fase de pragmatismo estratégico, o su hundimiento definitivo

En la historia contemporánea, los cambios de alianzas internacionales han marcado el destino de naciones enteras. La decisión de Fidel Castro, en 1961, de romper con Estados Unidos y alinearse con la Unión Soviética supuso un giro radical para Cuba, sellando décadas de enfrentamiento con Occidente, y aislándola. Hoy, algunos observadores sugieren que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, podría estar imitando esa jugada, pero con actores distintos: alejándose de Estados Unidos y acercándose a China y a los países Brics.

La sigla Brics se refiere a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, todos ellos considerados economías emergentes, con un gran potencial, que pueden llegar a estar entre las economías dominantes a mediados de siglo. Cuba siendo un Estado ultrafallido es considerado como país invitado.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, Fidel Castro intentó inicialmente mantener una relación pragmática con Estados Unidos. Sin embargo, las tensiones se agravaron debido a la Ley de Reforma Agraria que acabó con la agricultura y el campesinado, y la nacionalización de empresas estadounidenses en la isla. En 1961, Castro formalizó el distanciamiento, declarando el carácter socialistacomunista de la revolución y acercándose a la Unión Soviética, lo que transformó a Cuba en un bastión del bloque comunista y profundizó la confrontación perenne con Washington.

En los últimos años, la política exterior de España bajo el liderazgo de Pedro Sánchez ha mostrado signos de mayor autonomía respecto a Estados Unidos, aunque sumamente dependiente y sumisa de la Unión Europea, y lo que es peor, de China.

Las tensiones diplomáticas, especialmente en temas comerciales y estratégicos, han alimentado la idea de un distanciamiento progresivo. Paralelamente, España ha fortalecido sus lazos con China, explorando acuerdos en inversión, tecnología y comercio, y ha mostrado interés en participar en iniciativas multilaterales fuera del eje tradicional occidental con lo peor de Oriente Medio y Asia.

China se había apenas consolidado como una potencia económica mundial, liderando proyectos de infraestructura e innovación tecnológica a nivel global. El grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) representa una alternativa al orden internacional dominado por Estados Unidos y Europa, promoviendo la cooperación Sur-Sur y defendiendo un sospechoso modelo de gobernanza más multipolar. La posibilidad de que España se acerque a los Brics, e incluso aspire a ingresar en el grupo, sería una señal clara e inquietante de cambio de paradigma.

Aunque el paralelismo entre Sánchez y Castro resulta provocador, existen parecidos y psicopatías notables en los caracteres de ambos. España sigue siendo miembro de la OTAN –aunque no paga su cuota– y la Unión Europea; pero su economía depende fuertemente de los mercados occidentales. Sin embargo, el acercamiento a China y los Brics podría ser interpretado como una estrategia de diversificación y búsqueda de influencia global, más que como una ruptura definitiva. A diferencia de la Cuba de Castro, España no parecía hasta hace poco estar dispuesta a sacrificar sus relaciones con Occidente, sino a equilibrarlas con nuevos socios, pero dadas las circunstancias actuales eso parece haber variado.

El supuesto viraje de Pedro Sánchez, imitando a Fidel Castro al romper con Estados Unidos para «echarse en los brazos» de China y los Brics, va dejando de ser una hipótesis que refleja la complejidad del contexto internacional actual. La geopolítica contemporánea exige flexibilidad y adaptación; España podría estar buscando maximizar sus intereses sin renunciar a sus alianzas tradicionales. El tiempo dirá si este acercamiento será el inicio de una nueva era para la política exterior española o simplemente una fase de pragmatismo estratégico, o su hundimiento definitivo. Creo más en lo segundo...

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