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Pecados capitalesMayte Alcaraz

La charretera de ZP

Elogiar a una individua porque gestione una ley que le ha sido impuesta para liberar a presos políticos a los que ella encarceló da solo idea de la talla de quien firma la ignominia. De Zapatero. A ver si este «campeón de la paz» no tiene que dar más de una explicación cuando se abra el famoso sobre de Delcy que Aldama ha entregado al juez

Hay que reconocer que José Luis Rodríguez Zapatero nunca defrauda. Cuando se trata de escarbar en la inmundicia, ahí está el expresidente horadando el terreno hasta el fondo. Acaba de volar a Caracas –dónde si no– para dejarse masajear por todo el estercolero político del país, es decir, por los crudelísimos sucedáneos de tiranos, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. A los tres les une la necesidad imperiosa de demostrar que no han sido figuras clave en uno de los regímenes más abyectos del continente americano. Difícil tarea: es imposible entender la dinámica opresora de Nicolás Maduro sin colaboradores necesarios en el interior –Delcy y Jorge, que participaban con fruición en el terror– y en el exterior –Zapatero, encantado de su autotitulado papel de mediador.

Los tres se han lanzado a intercambiarse flores: como las que reposan en las tumbas de los cientos de presos políticos que fueron torturados y asesinados. Por parte de Jorge, los halagos han subido de tono hasta el ultraje a los españoles y venezolanos de bien: «Zapatero –ha dicho– no es un asesor, él es el campeón de la paz de Venezuela, porque se ha ganado esas charreteras con toda la fuerza que ha demostrado». Nunca antes se había malbaratado así esa distinción, que es una divisa militar de oro, plata, seda u otra materia, en forma de pala, que se sujeta al hombro por una presilla y de la cual pende un fleco de unos diez centímetros de largo.

En el Ejército español la usan principalmente oficiales de mayor graduación en actos protocolarios de máxima etiqueta. Ahora, es un gerifalte de una dictadura el que se la concede metafóricamente a un socialista español, sobre el que planean sospechas de corrupción y de haber sido comisionista de una dictadura. No es pequeña la diferencia. Pero José Luis tenía que chapotear en la bajeza. Y no encontró mejor forma de hacerlo que contestar a los impresentables hermanos comparando la ley de amnistía venezolana con la que aprobó su discípulo para liberar de la cárcel a los separatistas catalanes. Usaré sus palabras: «Esta amnistía afecta a un número mayor de personas» en comparación con «el conflicto vivido en Cataluña». Es decir, según un señor que presidió el Gobierno de España, es lo mismo Oriol Junqueras que un opositor antichavista torturado a golpes, sometido a corrientes eléctricas y asfixias hasta el desmayo en El Helicoide, la casa de los horrores venezolana. ZP no tiene límites. Sus palabras son un insulto a los pobres represaliados de aquel país. Hubiera sido bueno que ZP explicase todo. Por ejemplo, por qué se aprobó esa ley en España que no fue –como hubiera sido legítimo y lo fue con amplio consenso en 1977– para poner fin a una dictadura y dar paso a una transición democrática sino por las necesidades personales y políticas de Pedro Sánchez. Impunidad por votos. Ilegalidad por dormir un día más en el colchón de La Moncloa.

Y al margen de ese indeseable discurso, Zapatero también ha mentido en otra cosa. Ha dicho el padre del sanchismo que la amnistía, que por el momento ha afectado a 110 presos, pero quedan otros 500 encerrados, según el Foro Penal, será un referente para el mundo. Lisonjero con los tiranos como nos tiene acostumbrados, ZP ha olvidado contar que esa reforma legal que ha impulsado Delcy jamás se hubiera aprobado si Trump no hubiera extraído a Maduro de su cama un 2 de enero de 2026 para llevarlo ante la justicia norteamericana y si, además, Marco Rubio no hubiera advertido a la actual presidenta de que ella correría la misma suerte que su jefe si no cumplía sus órdenes.

Finalmente, otro olvido del expresidente. Elogiar a una individua porque gestione una ley que le ha sido impuesta para liberar a presos políticos a los que ella encarceló da solo idea de la talla de quien firma la ignominia. De Zapatero. A ver si este «campeón de la paz» no tiene que dar más de una explicación cuando se abra el famoso sobre de Delcy que Aldama ha entregado al juez.

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