Esperpento político
El Gobierno son dos. Tiene dos caras y las dos duras. De la mentira al esperpento. Jamás se vio algo igual
El Gobierno encadena mentiras y disparates. Y no se puede hablar del último porque cuando se intenta ya se ha perpetrado otro. El Ejecutivo lleva tres años sin aprobar los presupuestos. Ya ni siquiera los presenta, incumpliendo la Constitución, y argumenta que lo impide la guerra de Irán que dura veintitrés días. Pero el bulo ya está anticuado. Anteayer el comienzo del Consejo de Ministros se retrasó dos horas por el plante de los ministros de Sumar. El Gobierno son dos. Tiene dos caras y las dos duras. De la mentira al esperpento. Jamás se vio algo igual. Apenas ha podido ocultar el presidente su enfado, pero lo niega y disimula. En realidad, es para él la prueba de que es el Gobierno del diálogo, y el diálogo es la forma de gobierno del siglo XXI. Lo cierto es que en el siglo V antes de Cristo, Protágoras de Abdera consideró que el diálogo era consustancial a la democracia y que la ley era el resultado del acuerdo entre los ciudadanos, pero ¿quién se acuerda ya?
El retraso fue un esperpento político sin precedentes. Y una vergüenza. Además de absurdo, inútil. ¿No se podría haber debatido en el seno del Consejo y no montar el ridículo espectáculo? Pero que el presidente presuma de diálogo sería surrealista, si no fuera una burla. El Gobierno no es que no dialogue, es que ni siquiera habla con la mayoría de centro derecha que gana las elecciones. No es el Gobierno del diálogo, sino del muro y la exclusión. ¿Dialogaría si tuviera mayoría absoluta? No es diálogo, sino negocio y trapicheo. Solo habla con sus aliados y con quienes le prestan apoyo parlamentario. Y no dialoga; compra y vende. Y solo acerca de las exigencias para permanecer en el poder. La soberanía no reside en las Cortes, sino en el zoco donde se negocian los apoyos a cambio de un precio pactado. Por eso sus socios le exprimen y humillan, pero no lo dejarán caer. En definitiva, habla, que no negocia, con la extrema izquierda, ETA y los independentistas. Esto es la democracia del siglo XXI. Por otra parte, los socios de Sumar son tan humilladores como humillados. Mientras se extinguen en la nada extraparlamentaria, exhiben sus éxitos y sus condicionamientos y exigencias al Gobierno. Agonizan, pero son felices. No creo que haya que lamentar la lenta e imparable decadencia de la extrema izquierda, aunque lo cierto es que hoy se encuentra en el ala izquierda del PSOE, si es que este partido tiene alas, más allá de la caprichosa e interesada voluntad del secretario general. Caminan felices hacia el matadero político.
El Gobierno bifronte no puede aprobar un plan contra la crisis. Tienen que ser dos. Uno mira a sus votantes y otro a sus socios. Y hasta se votan por separado. El plan de Sumar será muy probablemente rechazado por las Cortes. Ya no es posible saber quién gobierna. Unos días los separatistas de derechas. Otros, los independentistas de izquierdas. Otros, la izquierda comunista. Y a esto le llaman diálogo y resistencia. Creo que hay mucho más de lo segundo: resistencia a la democracia, a la verdad, a la honradez y a la dignidad política. Pero entre otros problemas, la supervivencia de Sánchez tiene uno muy grave. Pierde las elecciones autonómicas, en la mayoría de los casos el PP solo, sin Vox, obtiene más votos y escaños que toda la izquierda. Salvo catástrofe natural o artificial su destino es la derrota en las elecciones generales. El hundimiento de la extrema izquierda le deja solo, sin más apoyos que los independentistas. Apenas le queda con quién «dialogar». El ridículo se ha convertido en su principal activo político. El presidente asume impávido el esperpento.