Jaime Mayor Oreja o el amargo arte de tener razón
La crisis tiene su fundamento principal en la pérdida de vigencia del cristianismo
Esta semana ha presentado Jaime Mayor Oreja en Madrid su libro Una verdad incómoda, de lectura más que recomendable, necesaria. Es el testimonio de una trayectoria pública durísima y ejemplar. Solo un héroe arriesga una vida cómoda por el deber de luchar, con alta probabilidad de morir, contra el terrorismo de ETA. Más allá de la información de primera mano sobre los acontecimientos políticos de las últimas décadas, me interesa sobre todo la interpretación de lo que sucedió, de lo que está sucediendo y de lo que nos estamos jugando hoy los españoles. Sus tesis, defendidas casi en soledad y tildadas de pesimismo agorero no probado (en verdad, las tesis no son optimistas ni pesimistas; son correctas o incorrectas), han sido confirmadas obstinadamente por los hechos.
Probablemente no tenga razón en todo. Nadie, salvo Dios, la tiene. Pero sí en dos cosas fundamentales, vitales. La primera es la interpretación general de lo que nos viene sucediendo en los últimos años y el papel que en ello juega ETA. Acaso no ha habido en España organización política (y criminal) tan coherente y fiel a su proyecto político. Hasta el punto de que nunca suele mentir acerca de sus objetivos e intenciones. Su estrategia es tan transparente como su táctica criminal. Nunca he compartido el calificativo de «banda mafiosa». No lo es. Es un claro proyecto político sustentado en el crimen y el terror. La primera mentira sobre ETA es que ya no existe porque ha sido derrotada por el Estado de derecho. Sí existe. Es Bildu. Ciertamente, gracias al esfuerzo ejemplar de las Fuerzas de Seguridad del Estado, sufrió golpes fuertes y decisivos que evitaron asesinatos y dolor. Anunciar el abandono de la «lucha armada» (el crimen organizado) no es dejar de existir. Es precisamente todo lo contrario. Cesa la actividad, pero no el sujeto de ella. ETA se nutre del odio a España y a la democracia, y del apego a la revolución y al «frente popular». En realidad, si no la única, es la principal fuerza política que se opuso a la transición y propugnó la ruptura. Aquí está la clave. El comunismo y el socialismo aceptaron la reforma y la transición. La ruptura quedó en manos de ETA y de algún otro grupúsculo irrelevante. La llamada ruptura democrática era ruptura, pero no democrática. No quería la concordia ni la democracia, sino eliminar a la derecha. Su objetivo era ganar la guerra civil perdida, no la reconciliación. Pero ETA ya no está sola. Todo cambió primero con la mayoría absoluta del PP en 2000, algo que no podía aceptar la izquierda resentida ni el PSOE transformado. Y después con el aprovechamiento indigno de los atentados del 11 de marzo de 2024. Comenzaba el «proceso» nacido de la alianza del PSOE con el nacionalismo y, por supuesto, con ETA. Todo lo sucedido en España desde entonces encuentra su clave en este proceso de forja de un frente popular que excluya a la derecha. El espíritu de 1976 es sustituido por el espíritu de 1936. ETA abandona el crimen cruento para aspirar a gobernar pronto en Navarra y el País Vasco. Es el resultado del acuerdo entre el socialismo enloquecido y ETA.
Esto es lo que está en juego en las próximas elecciones generales. Y la derecha no parece enterarse del todo. El PP y Vox deben entenderse y no tanto por su propio bien como por el bien de España. No estamos ante la natural alternancia para derribar a un gobierno nefasto, sino ante la amenaza de un cambio de régimen que terminaría con la concordia, la libertad, la democracia, la Corona y la unidad de España. Es la resurrección del Frente Popular.
La segunda razón de Jaime Mayor Oreja tiene que ver con las causas del proceso, con sus raíces. Se trata de una crisis de naturaleza moral que afecta a los principios fundamentales que han sustentado la realidad de Europa y, con ella, la española. Pero no se trata de vagas quejas más o menos nostálgicas. La crisis tiene su fundamento principal en la pérdida de vigencia del cristianismo. La mentira ha cobrado ventaja sobre la verdad, pero aún no ha terminado la partida. Por ello, entre otras razones, Jaime Mayor ha abandonado la acción política para encabezar NEOS, un proyecto de recuperación del cristianismo como fundamento de nuestra cultura, nuestra sociedad y nuestra política. Se trata de dos grandes cuestiones: lo que nos pasa y por qué nos pasa. La lucidez es muchas veces amarga. Hay verdades incómodas y también mentiras cómodas.