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HorizonteRamón Pérez-Maura

Salvador Illa, como Jordi Pujol

Yo no entro ahora en los muchos problemas de convivencia que haya provocado esta genial iniciativa pujolista. Lo que sí sé es que sembró el terreno y ahora Illa está cosechando

La alianza del socialismo con los partidos independentistas está teniendo serias consecuencias. Tanto en el País Vasco como en Cataluña el PSOE está en el Gobierno. La última noticia relacionada con el uso del idioma se ha dado en el País Vasco en su universidad pública, la Universidad del País Vasco, que deja de llamarse así y solo tendrá el nombre en vascuence: Euskal Herriko Unibertsitatea. No paramos de mejorar. Y eso llega en un momento en que cada vez se refuerza más el uso del vascuence en la carrera de magisterio. Con las intenciones que cabe deducir.

En el caso de Cataluña, donde encabeza el Gobierno el Partido Socialista de Cataluña, Salvador Illa ha ido un paso más allá. Ahora anuncia que el catalán será requisito para renovar el permiso de residencia. Y ahí Illa está dando una gran victoria a lo que ya ideó Jordi Pujol cuando presidía la Generalidad entre 1980 y 2003. Ya quería él imponer el catalán y marginar el castellano hasta su extinción y fue por eso por lo que ideó fomentar la inmigración de gentes de países que no tuvieran el español como primera lengua. Porque así aprenderían catalán a la fuerza. Si llegaba allí un guatemalteco, no necesitaba esforzarse en aprender otra lengua.

Aquella política de Pujol ha llevado a situaciones tan inverosímiles como que en Cataluña residan unos 60.000 paquistaníes. Mayoritariamente en la provincia de Barcelona. Y destacadamente en el barrio de El Raval, lo que les convierte en la segunda comunidad musulmana de Cataluña, solo superados por Marruecos. Y eso porque ahí tenían más facilidades para asentarse que en otros lugares del resto de Europa.

Yo no entro ahora en los muchos problemas de convivencia que haya provocado esta genial iniciativa pujolista. Lo que sí sé es que sembró el terreno y ahora Illa está cosechando. Y lo que está recogiendo es el objetivo que siempre tuvo el nacionalismo catalán: la imposición de ese idioma. Solo se me ocurre como truco para esquivar el requisito que impone Illa, y que también se aplicará a los hispanohablantes extranjeros que tengan que renovar sus permisos, que los tramiten fuera de Cataluña, aunque sigan residiendo allí.

Estos hechos me llevan a recordar y elogiar cómo fue el trato que dio Manuel Fraga al gallego. Confieso que no me gusta la forma en que se impone en Galicia sobre el castellano. Algunos de los casos que he visto en diferentes lugares de Galicia me han parecido disparatados. Pero la teoría de Fraga acertaba en no querer permitir que el idioma se convirtiera en un instrumento de los nacionalistas o independentistas. Y creo que lo consiguió. De habérselo apropiado el independentismo, hoy veríamos un movimiento similar al que se está dando en el País Vasco con los estudios de magisterio. Se convertiría en un instrumento político para moldear a los jóvenes.

Los agujeros que está dejando Sánchez en España cada vez parecen más difíciles de resolver. Las minas que ha plantado seguirán estallando dentro de décadas. Se admiten apuestas.

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