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HorizonteRamón Pérez-Maura

Cuarenta años de la recuperación del «La Marquesa de Santa Cruz»

Se acordó una compensación económica de seis millones de dólares -habían intentado venderlo hasta en 25 millones y en cuestión de unos días Javier Solana pasó la gorra a varias empresas y consiguió 3,5 millones que fueron el primer pago

Algunas instituciones siguen funcionando y una de ellas es el Museo del Prado, bien presidido por el exministro Javier Solana. Ayer sábado se cumplieron 40 años de la recuperación y vuelta a España del cuadro de Goya «La Marquesa de Santa Cruz». Y con ese motivo, el lunes pasado se pronunció en el auditorio del museo una conferencia para rememorar la labor realizada por la persona a la que el ministro de Cultura entonces, Javier Solana, había conferido el encargo de recuperar el cuadro que había sido sacado de España ilegalmente.

El encargo cayó sobre el abogado Rodrigo Uría Meruéndano (1941-2007). Permítaseme aclarar como pliego de descargo por si alguien considera que hay un conflicto de intereses al escribir esta columna que Rodrigo Uría fue el primer marido de mi mujer, Mónica Prado. La conferencia a modo de laudatio de aquella labor la pronunció el pasado lunes Miguel Satrústegui que en 1986 era secretario general técnico del Ministerio de Cultura.

Satrústegui recordó la historia del cuadro: permaneció en posesión de los descendientes de los marqueses de Santa Cruz hasta que en 1941 Franco quiso regalárselo a Hitler como consta en una carta fechada el 16 de mayo de 1941 del marqués de Lozoya, a la sazón director general de Bellas Artes, al director del Prado Fernando Álvarez de Sotomayor. El cuadro seguía siendo de la familia, pero estaba en el Prado y Franco quiso regalárselo a Hitler en un momento en que las cosas le iban bien en la guerra. El cuadro fue comprado por Franco. El regalo tenía dos virtudes: era una gran obra de un gran maestro, y en la lira que porta la marquesa había una esvástica copiada del Lauburu (que por cierto, durante décadas sería el símbolo del Partido Nacionalista Vasco).

Pero el regalo no se llegó a hacer, quizá por la evolución de la guerra y después de ésta, en 1947 fue vendido por la familia Franco a un industrial y coleccionista bilbaíno: Félix Fernández Valdés. Y a la muerte de éste lo heredó su hija María Mercedes que se lo vendió al marchante Pedro Saorín Bosch con la condición contractual de que el cuadro no podía salir de España. Saorín fue quien lo sacó, aunque no se sabe cómo. A partir de ahí, unos intermediarios sin escrúpulos fueron intentando sacar partido al cuadro. Finalmente, el Ministerio de Cultura tuvo noticia en junio de 1983 que el cuadro estaba en Malibú donde se lo habían ofrecido al Museo Getty. A partir de ahí se puso en marcha el intento de recuperar la obra. Solana no pidió a la abogacía del Estado que se hiciera cargo de la batalla legal por la obra, sino que se lo encargó personalmente a Uría que daría la batalla durante casi tres años. Y lo hizo gratis et amore. Por amor al arte, literalmente. El Gobierno español estaba dispuesto a pagar una cantidad que compensara a los entonces propietarios que lo habían comprado de buena fe. Pero no a que la operación generase un enriquecimiento para nadie.

La propuesta no prosperó y se anunció que el cuadro salía a subasta el 11 de abril de 1986 en Londres, en la sala Christie’s. Rodrigo Uría se fue a Londres y contrató para el caso a sir Matthew Farrer, abogado de la Reina de Inglaterra. Contaba Uría que ser el abogado de la Reina lucía mucho, pero que en su despacho en Buckingham Palace no tenía calefacción.

Fue una batalla legal espectacular que Satrústegui ha contado con algún detalle en la conferencia que ya está publicada por el Museo del Prado. Finalmente, el Reino de España venció en los tribunales británicos argumentando incluso como jurisprudencia un litigio que tuvo en Inglaterra el Emperador Francisco José de Austrohungría contra un rebelde húngaro de nombre Kossuth.

Se acordó una compensación económica de seis millones de dólares -habían intentado venderlo hasta en 25 millones- y en cuestión de unos días Javier Solana pasó la gorra a varias empresas y consiguió 3,5 millones que fueron el primer pago.

Rodrigo Uría y Miguel Satrústegui trajeron el cuadro a España el 18 de abril de 1986 con una victoria legal muy relevante. Es un caso memorable en el mundo del arte. Y una gran victoria para España.

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