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En libertadJano García

Impuestos: un robo legalizado

Bajo el pretexto de la falsa justicia social el expolio legalizado ha ido avanzando de mil formas. Gravando el consumo, la venta, la inversión, la herencia, el comercio, el ahorro, el trabajo, la producción e incluso ¡hasta la mera existencia! Los impuestos a los que debe hacer frente el ciudadano se cuentan por decenas

Empiezan a conocer muchos españoles el sablazo que les va a pegar Hacienda este año. A lo largo de la historia son muchas las excusas que se han presentado al ciudadano medio para justificar los impuestos. Lo cierto es que los impuestos tienen su origen tan remoto como las primeras comunidades humanas. La obra de Charles Adams Lucha, Escape, Fraude: La Historia de los Impuestos nos ofrece un gran número de claves a la hora de comprender el funcionamiento de las civilizaciones más antiguas y el sometimiento del ciudadano a los impuestos.

Por ejemplo, la brutalidad con la que los escribas perseguían a los contribuyentes obligó al faraón Akenatón a actuar para detener la rebelión ciudadana. Para ello tuvo que redactar una ley que decía lo siguiente: «Si un pobre granjero está atrasado con sus impuestos, perdona dos tercios de ellos». Esta política de perdonar impuestos durante tiempos difíciles a los más pobres fue una práctica común en el Antiguo Egipto debido a que la excesiva carga tributaria generaba grandes conflictos.

Avanzó la historia de la humanidad y, en 2026, las justificaciones para arrasar al contribuyente han ido variando en el tiempo. En nuestra era son muchos los mantras repetidos, pero, sin duda, la justicia social es uno de los más repetidos. Como papagayos la masa se lanza a reiterar una y otra vez que todo se debe a la justicia social. ¿No quieres trabajar? Ayuda social. ¿No quieres estudiar? Ayuda social. ¿No quieres emprender? Ayuda social. ¿No quieres trasnochar? Ayuda social. ¿Eres joven? Ayuda social. ¿Eres viejo? Ayuda social. ¿Eres mujer? Ayuda social. ¿Eres negro? Ayuda social. ¿Eres musulmán? Ayuda social. ¿Dices ser un unicornio homosexual? Ayuda social. ¡Como un maná caído del cielo la sociedad se ha convertido en una máquina de recibir ayudas sociales bajo el concepto de la justicia social!

Bajo el pretexto de la falsa justicia social, el expolio legalizado ha ido avanzando de mil formas. Gravando el consumo, la venta, la inversión, la herencia, el comercio, el ahorro, el trabajo, la producción e incluso ¡hasta la mera existencia! Los impuestos a los que debe hacer frente el ciudadano se cuentan por decenas. Resultaría casi imposible poder detallar cada uno de los impuestos a los que nos enfrentamos a diario, que, posteriormente, los gobernantes convierten en ayudas sociales, pensiones, bonos, ingresos mínimo vitales, subvenciones, etc. Sin duda, este tipo de prácticas atraen como la miel a las moscas a una masa que lejos de rechazar esta práctica insolidaria festeja la llegada de cada ayuda social como un gran logro.

A diferencia del Antiguo Egipto, en el que los ciudadanos se rebelaban por los altos impuestos, aquí hemos asumido la servidumbre a unos burócratas manirrotos sin rechistar. Esa, la servidumbre voluntaria, es la gran tragedia de una sociedad cada vez más pobre y esclava de su propia estupidez.

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