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HorizonteRamón Pérez-Maura

Lacayo sirviendo a su señor

Lastra, la número 424 del escalafón y que llevaba 5 años en el cargo ha sido sustituida por María Isabel Martín, la número 1.306 del mismo escalafón. Esto empieza a parecerse bastante a los nombramientos que hace Napoleonchu en la carrera diplomática. Con perdón para la Fiscalía

Ayer vivimos una evidencia más de que esta democracia está gravemente enferma. Ya lo sabíamos: cuando Álvaro García Ortiz fue condenado y tuvo que abandonar el cargo de fiscal general del Estado por haber actuado como perrito faldero de un presidente que no está al servicio de la Ley, sino que cree que la Ley está al servicio de su persona, Sánchez nombró para el cargo a una fiscal, Teresa Permato de exactamente las mismas ideas de García Ortiz. Y vaya que si lo está demostrando.

Todos sabíamos que por su adscripción profesional Peramato es exactamente de las mismas posiciones ideológicas que García Ortiz. Pero cabía imaginar que no intentaría premiar a los colegas que por encima de la profesionalidad de la carrera pusieron su ideología. Vana esperanza. Todo indica que ha sido exactamente al revés.

En su segundo Consejo Fiscal Peramato ha ascendido al equipo de confianza de García Ortiz casi sin excepción. La gravedad de este hecho no reside en la ideología de estos fiscales ascendidos. En absoluto. La trascendencia reside en la irrelevancia que se da al hecho de que estos profesionales arroparan durante años a un fiscal general que estaba violando la ley según sentencia firme del Supremo. Sentencia que sin duda será anulada por el tribunal prostitucional. Y, cuando eso suceda, quedará claro de qué lado están los promovidos ayer: de la Justicia o de la política sectaria.

Porque se puede incluso entender que tres promovidos ayer se mantuviesen leales a García Ortiz por razones de afecto o lealtad personal. Pero el apoyo a quien finalmente ha sido condenado en firme en el Supremo no puede dejar de tener consecuencias. Y mucho menos ser premiado. Pero eso es exactamente lo que ha ocurrido. Porque en la polarización en la que ha metido Sánchez a España, sólo cabe estar con él o contra él. Los que están con él progresan y los que están contra él son mandados al averno. Al menos en términos profesionales. Buen ejemplo es el de Almudena Lastra, hasta ahora jefa de la Fiscalía Superior de Madrid. Lastra se negó a obedecer las órdenes de García Ortiz en la maniobra contra el novio de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador. Ya sabemos cómo acabó aquello. Así que Lastra, la número 424 del escalafón y que llevaba 5 años en el cargo ha sido sustituida por María Isabel Martín, la número 1.306 del mismo escalafón. Esto empieza a parecerse bastante a los nombramientos que hace Napoleonchu en la carrera diplomática. Con perdón para la Fiscalía.

Y, para ponerle la guinda al pavo está el caso de Pilar Fernández Pérez, fiscal en el área de Menores en la Fiscalía Provincial de Madrid que, de un día para otro, ha pasado a ser teniente fiscal de Galicia. Sin duda por sus enormes méritos profesionales que han llevado a que dé tan notable salto profesional. Pero nunca está de menos que esos méritos vengan convenientemente complementados. Por ejemplo, por el hecho no irrelevante de que Pilar Fernández sea la mujer de Álvaro García Ortiz. Pero, con toda seguridad, ese hecho no ha tenido nada, pero nada que ver con su último nombramiento. Hace falta ser pervertido para pensar lo contrario.

Cuando el lacayo protege a su señor, se le premia. No puede ser de otra forma.

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