Cuando los Vitos eran de izquierdas
Se indignan con Vito Quiles los mismos que lo llamaban periodismo y participación ciudadana cuando se lo hacían a políticos de derechas
Las redes sociales tienen una cara oscura, pero también otra muy iluminadora, esa con la que combaten la desmemoria y la incoherencia. Por ejemplo, cuando esta semana han difundido masivamente los vídeos en los que los Vitos Quiles de izquierdas perseguían de mala manera a Ana Botella y toda la progresía lo aplaudía con entusiasmo y lo llamaba periodismo. Pero ahora se rasgan las vestiduras, cuando un Vito de derechas hace lo mismo con sus políticos.
Y la progresía aplaudía igualmente aquellas turbas que acosaban a los líderes de la derecha y los perseguían hasta sus domicilios. Lo llamaban escrache y decían que era participación democrática. Lo que da una idea de su profunda hipocresía y de su gusto por el juego sucio, en los actos y en las palabras que designan tales actos. Ahora, hasta han hecho un lema que llaman «menos Vitos y más Charos», defendiendo a las amigas de Begoña Gómez que sujetaron por el cuello a Vito Quiles, porque es intolerable, dicen, que a ellos les apliquen lo que antes llamaban periodismo y participación ciudadana.
Yo critiqué a los Vitos de izquierdas y tengo la misma opinión de los Vitos de derechas, porque han sustituido el periodismo por el espectáculo y el show personal, y sus acciones rozan los límites éticos. Ahora bien, también tengo algunas dudas sobre esos límites y sobre la propia definición de periodismo. ¿Es más o menos ética la portada de un periódico «serio» con titulares tendenciosos sobre un político? ¿Es más o menos ético publicar supuestas informaciones sin pruebas de mafiosos o delincuentes contra políticos? ¿O contra personajes públicos como Julio Iglesias? Los ejemplos cuestionables de lo que se considera oficialmente periodismo son innumerables. La brutal persecución a la que fue sometida Rita Barberá por determinada «prensa seria» por un asunto infinitamente menor que el de Begoña Gómez es un buen exponente de lo difícil que es trazar la frontera entre lo ético y lo no ético y lo que es y no es periodismo.
Y luego hay que añadir que esto se debe aplicar a todo el mundo, periodistas, políticos y ciudadanos, todos protagonistas de la política democrática. Porque más o menos el mismo día en que la izquierda se escandalizaba contra Vito Quiles, le reía en el Congreso, sin embargo, las gracias habituales a Gabriel Rufián, cuando colocó un billete de 50 euros en la tribuna acusando a la derecha y a Junts de tener el dinero como único interés y después se fue a los escaños de Junts en clara actitud de acoso. No les gusta Vito, pero son fans de Rufián.
Y en el fondo de todo esto yace otra cuestión muy relevante para el debate político de las democracias, y es que la derecha ha aprendido todas las técnicas populistas de la comunicación política que antes solo dominaba la izquierda. Y, además, aunque sigue en gran inferioridad numérica en los medios tradicionales, resulta que lidera las redes sociales. Y es aquí donde la izquierda está entre desorientada y nerviosa: ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esto? ¿A que Vito Quiles nos aplique a nosotros lo que hasta antes de ayer llamábamos periodismo y participación ciudadana?