El ciclista del corazón de piedra
No acudió al funeral de los dos Guardias Civiles muertos porque no cultiva la compasión y porque el abucheo sería memorable
El sábado 2 de mayo, un hombre de 52 años subió un vídeo a su cuenta de Instagram. Jadeante y con rostro demacrado, se graba con el móvil esgrimiendo una sonrisa más falsa que un billete del Monopoly. «Hola, ¿habéis escuchado alguna vez la expresión calado hasta los pies?», pregunta, sosteniendo en la mano un casco de ciclismo. Acto seguido recorre con la cámara sus prendas impermeables, negras y chorreantes de agua. «Pues eso, de arriba a abajo», dice con un énfasis de vocalización de tono adolescente. «Una ruta muy chula hoy», concluye el espigado ciclista.
Llega el siguiente sábado, 9 de mayo. La Guardia Civil, y con ella todos los españoles, está de luto por la muerte en la costa de Huelva de dos de sus efectivos en la lucha desigual contra el narcotráfico. Eran el capitán Jerónimo Jiménez, un malagueño de 56 años que en su día había servido en Guipúzcoa contra ETA, y el agente turolense Germán Pérez, de 55 años. El capitán ya había sufrido otro accidente el año pasado, persiguiendo a otra narcolancha. Es sabido que las fuerzas de seguridad disputan una lucha en inferioridad de condiciones contra la industria del narco, que cuenta con embarcaciones más rápidas y campa casi a sus anchas en algunas zonas andaluzas por falta de medios para hacerle frente.
El sábado 9, a las 9.30 de la mañana se abre en la comandancia de la Guardia Civil de Huelva la capilla ardiente de Jerónimo y Germán, que se cierra a las once y media para dar paso al funeral del mediodía, en la Iglesia de la Concepción. Hay mucho dolor, aplausos y emoción cuando se portan los féretros envueltos en sendas banderas españolas. Entre las autoridades que allí acuden figuran el presidente de la Junta, la directora de la Guardia Civil, el delegado del Gobierno, el secretario de Estado de Seguridad y la candidata del PSOE a las elecciones andaluzas. Ningún ministro ha tenido a bien acompañar a las familias y a los compañeros de los muertos en acto de servicio, ni siquiera los de Interior y Defensa.
Tampoco se ha molestado en venir al funeral el ciclista orgullosamente ateo que se graba vídeos propagandísticos haciendo bicicleta de montaña. Se llama Pedro Sánchez y es el presidente del Gobierno desde junio de 2018. Su agenda estuvo vacía toda la mañana del sábado. Podía haber viajado a Huelva para mostrar su apoyo sin ningún problema, a pesar de que a las cuatro de la tarde recibía en la Moncloa al director de la OMS con motivo de la crisis del crucero holandés MV Hondius, amplificada al máximo por su Gobierno para tapar las miserias del juicio de Ábalos y del escándalo del desvío de fondos europeos. Se ha vendido como una operación de Estado complejísima el hecho de bajar a los pasajeros de un barco observando un protocolo profiláctico y meterlos en un avión. Una acción «sin precedentes», proclamaban desde el Telediario-NODO de TVE, con su presentador desplazado al puerto tinerfeño. En A3 hablan de «histórico desembarco».
Tres ministros acudieron ayer a Canarias para la llegada del crucero. El presidente del Gobierno expresó su «orgullo de ser español», destacando el gran éxito de tan épico operativo. Las familias de los guardias no merecen tales despliegues de «orgullo español» a cargo de un presidente rehén de los separatistas antiespañoles. Los ministros que acuden a hacer propaganda al muelle de Tenerife no encontraron tiempo para el funeral de Huelva. El problema endémico y creciente del narcotráfico y el abandono de la Guardia Civil poco importan a un Gobierno que es un trampantojo, que solo aspira a que vayan pasando los días, a sobrevivir a los síncopes judiciales de la corrupción del PSOE y la familia y a mantener su cañón de propaganda a toda su potencia de fuego.
El ciclista tiene un corazón de piedra, como demostró durante la covid, demorando el luto todo lo que pudo para que no salpicase su campaña de imagen, o con el abandono de las víctimas de la dana de Valencia, manipuladas para la guerra contra el PP, o con su gélido desprecio a las familias de los muertos de Adamuz, un accidente debido a un fallo de mantenimiento de su Gobierno.
No le importa España ni le importan los españoles. Se trata tan solo de estar en el poder por estar, de colmar su infinito ego, de intentar proteger desde la Moncloa a los familiares corruptos y de dividir y encabronar a los españoles todo lo posible, en la esperanza de que inflando el voto exterior, trabajando el voto por correo y digital y exacerbando todo tipo de odios sectarios pueda volver a salir la carambola de la «coalición progresista».
Dos guardias civiles muertos persiguiendo a una narcolancha, otra vez. Sus compañeros y sus familias, más solos que la una. Ningún ministro ni el presidente tuvieron la elemental decencia de acudir al funeral porque sabían que el abucheo sería estruendoso. Sánchez, que el sábado no quiso ir a Andalucía a homenajear a los guardias, ayer viajó a ella para un mitin con Montero. Así de sencillo y así de cutre.