A la espera
Y así estamos. Expectantes y a la espera de que se produzca la llamada y Rociíto le confirme si Cuba es una dictadura o no lo es. Mientras tanto, mil cubanos han sido encarcelados y una veintena de ellos han sido asesinados en las calles de La Habana. Nada preocupante para Garzón, por otra parte
Con un elegante conjunto de Hugo Boss, con cuyo precio de venta alimentaría a veinte familias cubanas durante un año, la gentil vicepresidente comunista del Gobierno de España, ha negado que en Cuba impere una dictadura. Su rival en el gobierno, la vicepresidente Calviño, a la misma pregunta ha respondido que no lleva a parte alguna etiquetar el sistema cubano. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido más claro con sus palabras diáfanas y transparentes, amén de bellas. «Es evidente que Cuba no es una democracia», lo cual no quiere decir que Cuba sea una dictadura. Y el tonto de la carne, el pobre Garzón, ha insistido en elevar a la cumbre de la humanidad y la eficacia al régimen comunista cubano.
De las protestas, las detenciones, los secuestros y las muertes de los cubanos que piden la libertad no han dicho nada. Y Borrell –cuidado con 'ell'–, le ha echado la culpa de lo que sucede en Cuba a Trump, con el beneplácito de la traidora y atractiva señora Von der Leyden, a la que me gustaría advertir desde mi humilde rincón del norte de España que con Borrell –cuidado con 'ell'–, no tiene nada que hacer y que por muchas carantoñas que le dedique, el hombre va a seguir a lo suyo, es decir, a cumplir con su cometido al cobijo de Soros –como ella–, sin perder el tiempo en la contemplación de la belleza en las mujeres.
La corresponsal de ABC en La Habana, Camila Acosta, ha sido trasladada a una prisión de alta seguridad y segura tortura, mientras las periodistas inmersas en el histérico y cínico feminismo español, se han puesto de acuerdo para no emitir ni un sonido a favor de su colega secuestrada. Es curiosa la afonía del feminismo en casos como el que me ocupa y preocupa. Irene Montero también resta callada, por otros motivos.
No quiere precipitarse antes de exigir la liberación de Camila Acosta, y ha solicitado a su equipo de asesoras, niñera incluida, un informe detallado del sexo de la corresponsal de ABC. Si es mujer a secas, no exigirá su liberación, porque el feminismo no se ocupa de las mujeres sin derivaciones, es decir, normales. Pero si se tratara de una binaria, trans, lesbiana, o cualquier otra cosa defendible por el progreso, protestará como sólo ella sabe hacerlo. Cuando se decida, siempre que el equipo de asesoras –niñera incluida–, lo estime oportuno.
Camila Acosta ya habrá experimentado en diferentes ocasiones la amabilidad de los interrogatorios de los torturadores cubanos. Lo único que podría aliviar la situación carcelaria de la periodista detenida por el grave delito de informar libremente, sería una intervención seria del nuevo ministro de Asuntos Exteriores, que tampoco sabe muy bien, a pesar de su experiencia de años en sus distintos destinos, si Cuba es o no una dictadura. Y si llega a la conclusión de que no es una dictadura y sí «una democracia socialista», a Camila Acosta le aguardarán años de soledad y miseria en las cárceles cubanas.
La confusión es tal, aumentada por la sentencia del tribunal Constitucional que no se ha dejado influir por el gobierno, y que ha quedado definitivamente desautorizado para seguir gobernando, que Pedro Sánchez ha decidido, con su habitual buen criterio, llamar de nuevo a Rociíto para que esta noble y sabia mujer le confirme si Cuba es o no es una dictadura. Sucede que el teléfono de Rociíto se lo ha llevado Iván Redondo, y para contactar con ella, tendrá que llamar de nuevo a María Teresa Campos para solicitárselo. También lo tiene su amigo Vázquez, el de Sálvame, pero a los amigos no se les molesta así como así o asá como asá. A los amigos se les invita a La Mareta o a Doñana a costa del bolsillo de los españoles, faltaría más.
Y así estamos. Expectantes y a la espera de que se produzca la llamada y Rociíto le confirme si Cuba es una dictadura o no lo es. Mientras tanto, mil cubanos han sido encarcelados y una veintena de ellos han sido asesinados en las calles de La Habana. Nada preocupante para Garzón, por otra parte.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 16 de julio de 2021