La penúltima estafa de Pedrito
¿Presupuestos en 2027? ¿Le vamos a dejar que nos engañe de nuevo?
El titular de un medio era elocuente: «Pedro Sánchez contraataca». Se diría que es ariete de Sicilia en el Mundial, o jugador discreto de ajedrez, o al menos alero de baloncesto en un partido de viejas glorias contra nuevos inútiles, pero no: se refería a que, esta vez sí, presentará Presupuestos para 2027.
El periodismo no consiste solo en repetir las estupideces que diga nadie, por muy presidente que sea: para eso llegaría con utilizar alguno de los múltiples artefactos tecnológicos que permiten repetir la gansada del momento, adaptándola al formato y al soporte oportuno: el más tonto de los robots sería capaz de editar un periódico, hacer un informativo en televisión o tres horas de radio, limitándose a recopilar y repetir lo que unos digan y otros respondan.
La realidad es que debemos ir un poco más lejos, explicar el significado de cada cosa y sus consecuencias. Y, a ser posible, defender o reprender lo que ocurre, una vez contado, proponiendo un objetivo al que conducir a la sociedad: ese viaje no es sencillo, pero es imprescindible y necesita de una mezcla razonable de decencia y conocimiento.
En el caso que nos ocupa, ya tenemos trienios de traducción simultánea del sanchista al castellano, del idioma de los mentirosos al real: cuando Sánchez anuncia Presupuestos para el último año de legislatura, sin cumplir siquiera la obligación constitucional de proponérselos al Congreso en toda la legislatura, solo está anticipando su primer mensaje de propaganda electoral.
No aspira a aprobarlos, le da lo mismo todo, pero sí a convertirlos en un lema de campaña: hará un anteproyecto tan ilusionante como falso, lleno de derroches, ayudas, subvenciones y el resto de alhajas propias del clientelismo; a sabiendas de que no puede cumplirlo y de que, detrás de él, ha dejado ruina, deuda y déficit: los españoles ganan hoy menos que hace quince años, el riesgo de pobreza se ha disparado, el coste de la vida ha convertido a las clases medias en bajas y todo queda disimulado a duras penas por un despilfarro sin precedentes, unos fondos europeos irrepetibles y una presión fiscal confiscatoria que vale para maquillar la realidad y vender un falso crecimiento, sustentado en mano de obra inmigrante barata, un récord de recaudación y un gasto público insostenible.
Sánchez no quiere aprobar Presupuestos porque no puede y, al no poder desde 2023, es un presidente inconstitucional, un fraude mayúsculo que ostenta el poder ilegítimamente, sin votos, sin mayoría parlamentaria y sin poder aprobar nada que no sea la liberación de etarras, la condonación de la deuda, la persecución del español y, en general, todo chantaje impuesto por Otegi, Esteban, Junqueras y Puigdemont.
Pero hará el paripé para sostener la farsa de que, con él, España ha crecido y se vive bien y, sin él, llegarán los ajustes y recortes. Inevitables, por otro lado, tras años de ludopatía con el gasto y los impuestos, de patrocinio de un sistema asistencial que fabrica falsos vulnerables, de compra de votos con un patético régimen de subsidios absurdos y de un boquete en la productividad, el crecimiento y la salud económica de España que tardará lustros en compensarse.
A Sánchez no hay que preguntarle por los Presupuestos de 2027 ni dejarle que suelte más mentiras al respecto por esa boca. Solo hay que interrogarle por lo que ha hecho hasta ahora, que básicamente consiste en esquilmar a media España para comprarse a la otra media, a cambio de que le vote a él e insulte a la que la mantiene. Y ahora que sigan los publicistas de Sánchez diciendo que, ahora sí, de verdad de la buena, el gran Pedro tiene unos Presupuestos que se los quitan de las manos. Como decíamos de niños, y mi culo un futbolín.