Fundado en 1910
Vidas ejemplaresLuis Ventoso

La soprano y el joyero contrabandista

Tanto sacrificarse por la socialdemocracia desde el lado correcto de la historia tenía que merecer algún premio

Permitan una incursión en el género del esperpento. La soprano de 64 años, de blondo pelo corto y ojos azules, abre el portón de la suntuosa dacha de la periferia más exclusiva de Madrid donde reside con Jose, su marido desde hace 36 años y padre de sus dos hijas. La cantante viene fatigada, tras varias horas ensayando con su coro el maravilloso y exigente Magnificat de Bach.

Tras descalzarse y ponerse cómoda, se dirige a la carísima cocina de alto diseño de la mansión para prepararse un refrigerio. Pero reposando sobre la encimera de una isla de estilo high tech ve dos objetos que la sobresaltan, que están fuera de lugar: un collar de cadena de oro blanco de 18 quilates, cuajada de diamantes de máxima pureza y con dos esmeraldas naturales extraídas en Zambia, y los restos de un sándwich de crema de cacahuete y tofu, que están al lado de tres latas verdes de Mahou vacías.

La soprano se cabrea y llama a voces a su marido, que se encuentra en la biblioteca haciendo varias cosas a un tiempo: cuenta nubes, lee versos de Gamoneda y cuantifica fajos de billetes con una maquinita que compró en uno de sus frecuentes viajes de negocios a China. La soprano echa chispas:

–¡Pero cómo se le ocurre a Gertrudis dejarse ese joyón olvidado en la encimera de la cocina! A ver si le dices de una vez, y te lo anotas tú también, que las alhajas las guardáis en la caja fuerte de tu oficina de Ferraz, no aquí en casa. Y a las góticas, por favor, que cuando pasen por aquí no dejen la cocina llena de roña.

Su marido la contempla con un rostro que encarna la más pura de las inocencias, con un atisbo de perplejidad en su mirada glauca. Con su voz grave y una dicción perfecta y pausada intenta calmar la situación: «Sonso, francamente, no creo que sea para ponerse así. A veces, con las prisas, hay pequeños descuidos. Pero nada para enfadarse a poco que apliquemos un poco de talante».

–Mira, vivimos muy bien, demasiado bien, y hasta ahora he preferido hacerme la lerda. Pero me parece que la cosa se te está escapando de control. Si sigues así, trincando a manos llenas y con este descaro, cualquier mañana nos van a despertar los picoletos con una orden de registro. Por no hablar de la incongruencia entre nuestros ideales, los que sigues predicando en tus libros, en tus conferencias y en tus mítines con el One, y lo que practicas en tu vida privada, donde ahora mismo solo piensas en la pasta. Ay, la verdad es que ya no queda nada de aquel Jose idealista del que me enamoré en la uni de León como una pánfila...

–Bueno, bueno, creo que no debemos dramatizar, ni exagerar. Sabes que no he estado siempre de acuerdo en todo con Pablito Iglesias, pero sobre estos debates tiene una frase que me gusta mucho: «A veces en nuestra carrera hacia el socialismo pleno tenemos que cabalgar contradicciones». Un socialista es aquel que está dispuesto a dar mucho a cambio de muy poco, y en mi fuero interno sigo sintiéndome así. Pero tenemos derecho a disfrutar del estatus que hemos conseguido con nuestra entrega, a un pequeño premio por nuestra contribución inmensa a los avances en derechos para todos y todas en este país.

–Párate, que no estás en un mitin. Lo que va a pasar aquí es que vamos a acabar en el talego, como unos manguis. Te repito que estás arriesgando demasiado. Los viajecitos a Venezuela y lo que allá te traes, los líos raros con los chinos, las cuentas en destinos exóticos, las comisiones con Julito, y este desfile de joyas, que pareces la Castafiore en versión contrabandista… Hay que pisar el freno. Estás dando mucho el cante y comienzan a publicarse cosas.

–Bah, paparruchas de dos o tres digitales de la ultraderecha, bulos a los que nadie hace ni caso. Desengáñate, mientras siga ahí PS, que además tiene vocación de mando perpetuo, yo soy intocable en este país. En realidad me debe el sillón. Yo fui el que cerró el acuerdo y el plan con las fuerzas nacionalistas que nos permite conservar el poder cuando ya no somos capaces de ganar ni en Andalucía. He sido el embajador ante Waterloo. He inventado incluso la ingeniería social con la que siguen. He ayudado a engrasar la economía de la casa con mis viajes al Caribe. Me deben mucho y sé mucho, demasiado. Soy caza mayor y lo saben. Así que estoy bien blindado. Descuida, que soy intocable.

–Pues chico, tú verás, pero yo a este paso te veo jugando al mus con Ábalos y a mí visitándote en el locutorio. Y hasta pueden ir detrás las niñas, porque el tinglado que les has montado no tiene un pase. Has sido un chapuzas. Mira Pepe Bono y Pepiño, qué bien llevan sus cosas. Pero tú… qué desastre. Esto acabará mal, que lo sepas.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas