La brava ganadería de los Óscar
El ministro que se atornilló al cargo tras Adamuz y otro que siempre ha sido un perfecto mediocre del aparato ejercen de guiñoles de la cachiporra de Sánchez
Cada mañana, el PSOE se despierta con un nuevo síncope, un nuevo desdoro o una nueva imputación. La respuesta es doble. Por una parte, los ministros repiten como autómatas –¡y sin que se les escape la risa!– la última muletilla del manual de resistencia del autócrata: «A diferencia de lo que sucedía antes, nosotros siempre hemos actuado con contundencia ante cualquier irregularidad».
Por otra parte, se abre la puerta de toriles y salen resoplando a los alberos de Twitter y de las teles las dos reses más bravas del PSOE, las de la dura ganadería de los Óscar. En cuestión de segundos se lanzan a embestir contra todo lo que se mueve. En el palco, el ganadero don Pedro asiste complacido a tal derroche de furia ciega, mientras da una calada a un Cohiba fino, de una de aquellas cajas de ilustres vitolas que le traía del Caribe don José Luis, alias El Joyero (antes de tener recluirse en su dacha de Las Rozas con su abogado para intentar evitar la trena).
Los Óscar tiran derrotes de manera alocada, como si fuesen novillos todavía dominados por la pulsión nerviosa de la juventud. Carecen de nobleza y clase y por supuesto, jamás humillan. Su comportamiento contrasta con los datos de su partida de nacimiento, pues ambos superan ya la cincuentena. El de la cabeza grande y las entendederas pequeñas peina 53 abriles. El otro, el de la obvia comparación –que no vamos a hacer– con algunos personajes de aquella pesadilla futurista de Charlton Heston, está ya en 57 tacos. Pero no se han enterado de que son dos representantes públicos al servicio de todos los españoles. Se comportan como los protagonistas de uno de aquellos astracanes gamberros de los ochenta, Porky’s, o Los Albóndigas en remojo.
Cuesta establecer cuál de los dos morlacos es más marrajo, cual gasta mayor malicia. Probablemente sea el escapista de Adamuz, que se disfrazó de humilde frailecillo mendicante cuando sus fallos en el mantenimiento provocaron una dolorosísima tragedia, pero que en lugar de dimitir tras su letal alarde de incompetencia ha recuperado presto el colmillo borde.
Esta semana, mientras todos los españoles asistían encantados el éxito de la visita del Papa, tuvo que salir él a manchar el buen tono general con su mota de mala baba sectaria: «Lo que hemos visto estos días es que Barcelona sigue siendo la de las olimpiadas mágicas del 92. Creatividad, buen gusto, precisión… y Madrid la del Relaxing Cup of café con leche en la plaza mayor. Almeida y Ayuso dignos herederos de la Botella». Una comparación bobalicona, que solo atiende a adular políticamente a los catalanes, toda vez que el PSOE se ha quedado reducido al PSC y el PSE, ya que no rasca pelota fuera de Cataluña y el País Vasco, donde flota rendido al separatismo.
Al contemplar la acometida de su tocayo, púsose también nervioso el otro Óscar, aquel que ha sido enviado por don Pedro a galeras, a morir en las urnas de la plaza de Madrid. Comenzó a escarbar la arena con la pezuña para entrar en tensión y a mover las astas de lado a lado, con una irritación que delataba su pronta embestida. Y allá se lanzó a galope tendido: «Voy a decirlo para que me entienda el Supremo. Hay algunos jueces que prevarican». Perla que remató con una clara amenaza: «El Gobierno no se va a dejar avasallar, ni se va a dejar atropellar por quienes están intentando mezclar todo para generar una confusión que no corresponde».
El Gobierno de una supuesta democracia amenazando directamente a los jueces, ¡ole!, al más puro estilo de las dictaduras bananeras. Escondido en la barrera del Congreso con un palillo en la comisura de los labios, un veterano monosabio que ha vivido toda su vida de la causa, Pachi, el Pericles del Bocho, asentía refunfuñando: «Hay distintas velocidades para progresar en ciertos procedimientos judiciales», «hay sentencias incomprensibles». Léase todas aquellas que resulten desfavorables al PSOE.
Los Óscar saben de sobra que la fiesta se está acabando. Así que nadie entiende muy bien por qué se prestan a hacer el ridículo de esta manera por don Pedro, que va camino de mandar a toda la ganadería del PSOE al desolladero. En fin, misterios de la fauna silvestre.
Mientras tanto, en un palco de sombra, doña Leire compartía merienda de jamón de bellota y champaña cara con el fiscal general, el secretario de Organización del PSOE, la presidenta del PSOE, la directora general de la Guardia Civil, el DAO de la Benemérita y el director adjunto del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Todos departían con ella con una jovial animación. Pero todos aseguran que no la conocían de nada, empezando por su jefe, un tal PS. Más misterios.
En fin, algo huele a podrido en «el lado correcto de la historia». Vaya recua.