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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Iglesias y el conde

Pablo Iglesias inicia sus tiempos condales. Nada le gusta a un aburrido más que otro amigo o empleado aún más tostón. Jamás zapatos de rejilla y camiseta estampada con la imagen del Che asesino. Acuda a Bel y Cía en el Paseo de Gracia y hagáse una «Teba» a la medida como si viviera en Madrid

Alguien le preguntó a una de las mujeres del Conde de Godó:

–¿Qué destacarías de tu marido?; y ella que era guapa, alegre y algo imprudente respondió: –El aburrimiento. Yo creo que además del aburrimiento, Godó tiene la virtud de la hospitalidad. Ahora, que nadie se establece en Barcelona si tiene dos dedos de frente, Godó se ha propuesto cobijar a los inmigrantes nacionales que llegan de cualquier punto del resto de España. Esa generosidad no la entienden todos, y yo tampoco. Juan Carlos Girauta, que es un gran escritor, dibuja la actualidad de aquella gran ciudad de su juventud, hoy transformada en una aldea pésimamente aseada.

«Tanta revolución ha terminado como un cuento de condes y de Adas. Qué chusco desenlace, macho alfa». Me atrevería a enmendarle la plana al gran Girauta. El cuento que nos narra Pablo Iglesias desde Barcelona, es mucho más condal que municipal. Para John, Duque de Bedford, autor del Libro de los Snobs, el mayor esnobismo se encuentra en un marxista, que abandona a Marx para abrazarse a Marks & Spencer. Ahí tienen de ejemplo su paso a la burguesía comprando de manera rara y ventajosa el chalé de Galapagar. El ilustrador de Bedford se apellida Bentley, y hay que reconocerle su alta autoridad.

A Iglesias, la Colau le sirve de muy poco, en tanto que el Conde de Godó, a pesar del hastío que causa su charlita, puede resultar un importante mecenas del inmigrante. Con dos artículos en La Vanguardia, un par de tertulias en Rac1, y esporádicas apariciones en La Sexta, Onda Cero y Antena 3, Iglesias puede recuperar la luz que hoy nubla su melancolía. Tanto que en su perfil tuitero, ha prescindido de la condición que anteponía al resto: Padre. Ya no es padre y nos apabulla con sus premios periodísticos, que no los conoce ni su abuela. Porque Iglesias, el desmedido chapurreador, tiene todas las virtudes necesarias para triunfar en el Grupo Godó. Aplomo y agudeza para criticar a la Corona Real e instaurar la Corona Mural, que es mucho más fea, como todo lo que surge del resentimiento podemita.

Iglesias pues, el inflamado revolucionario, se ha convertido en un «chico de Godó». Pilar Rahola ocupó su puesto durante muchos años, y suponía una delicia literaria la lectura de sus artículos. Recuerdo uno que no me acuerdo cómo se titulaba, que me impactó. Si Iglesias lo hace bien, su porvenir social en Cataluña será imparable. Asiento en el palco del Real Club de Tenis Barcelona en la final del torneo Conde de Godó, que patrocina el Banco de Sabadell. Fines de semana en Puigcerdá, y agradables cruceros por el Mediterráneo. Me permito hacerle alguna recomendación. Para los cruceros, evite la gorra blanca de plato. No tiene aspecto de marino, y es conocida la agresiva repulsión que experimentan las gaviotas cuando descubren, desde lo alto, a un cursi advenedizo en cuestiones de la mar. Para la final del Godó le recomiendo chaqueta y corbata, porque ya no será el revolucionario en ciernes, sino un cualificado empleado condal. Y en Puigcerdá, no confunda jamás los cubiertos de pescado con los de carne. Y cuando exista duda de lo que debe decir, refúgiese en un fluido «molt be, molt bé, «Catalunya a la meva opinió es una nació y el Estat més desarrollat de Europa, estimat amic Xavier». Todo menos pasarse y caer en la coba.

Pablo Iglesias inicia sus tiempos condales. Nada le gusta a un aburrido más que otro amigo o empleado aún más tostón. Jamás zapatos de rejilla y camiseta estampada con la imagen del Che asesino. Acuda a Bel y Cía en el Paseo de Gracia y hagáse una «Teba» a la medida como si viviera en Madrid. Para los barceloneses, una «Teba» de «Bel y Cía» es demasiado cara. Sea valiente.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 31 de agosto de 2021
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