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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Yoli en la OIT

Si una nulidad sectaria promociona internacionalmente es porque otra como ella es presidente por sus favores

Yoli Díaz ha sido una nulidad como ministra de Trabajo, que al fracaso en la creación de empleo, por mucho que las estadísticas manipuladas echen perfume al vertedero, le suma el sectarismo propio de una comunista. Con esos antecedentes puede llegar a presidir la OIT, otro chiringuito regado con dinero público que llena su vacío con rimbombantes proclamas inanes, solo válidas para quienes viven de ese cuento.

Algún día habrá que agrupar todas esas piltrafas bajo un único organismo mundial, inspirado en los Monty Python, con el nombre provisional de Observatorio Global de Andares Bonitos. Y allí pacerán Iceta y su OCDE, Pajín y Aído desde las ONU para mujeres, quizá Sánchez si no acaba en prisión con algo sobre la emergencia climática y algo inventado o por inventar para que el más demagogo e inútil de cada formación se encargue de lo inclusivo, las flatulencias de las vacas, lo LGTBIHGOPQ Plus o la cría de cangrejos en cautividad.

La susodicha, en concreto, no llegará al cargo si su mentor no le paga el precio por haberse chupado todas las corruptelas del PSOE, apretando siempre los puñitos como si le molestaran mucho pero tragándose lo más grande para obtener el premio. En este caso, el Gobierno abona la cuota oportuna de la OIT, como tantas otras ridículas que dejan sin dinero la extinción de incendios, y el extra voluntario que cubre el salario de la elegida y le deja algo de ganancia al chiringo: si la escogen no será por sus méritos, sino por la pasta de todos ustedes que Sánchez pondrá en agradecimiento a los servicios prestados.

La moraleja del asunto es que la política dejó de ser hace mucho tiempo una materia auditable, en la que podían medirse los resultados en función del sacrificio previo de quienes depositan en los dirigentes su esfuerzo personal. Y se ha convertido en un obsceno cambalache en el que no cuenta el rendimiento social, sino el valor aritmético para completar mayorías artificiales.

Por eso también Óscar Puente sigue siendo ministro de Transportes tras matarse 47 personas en Adamuz por coger un simple tren, Sara Aagensen no ha pagado un precio por apagar España entera. Teresa Ribera promocionó en Bruselas pese a la dana y a Marlaska no le echan ni con agua caliente tras acumular guardias civiles asesinados y asaltos fronterizos y Pedro Sánchez sigue de presidente sin ganar en las urnas, sin Presupuestos, sin mayoría parlamentaria y con media familia y medio partido imputados o condenados por delitos más propios de una sucursal de la mafia siciliana.

El sistema no castiga los excesos y chapuzas objetivas porque nació pensando que la virtud moral era una línea roja y que, por mera vergüenza torera, nadie seguiría trepando si en el viaje perpetraba algún abuso ajeno a los usos sociales, a la educación y al espíritu de una democracia. Y el sanchismo ha demostrado que o todo está regulado o nada tendrá castigo, lo que aboca al sistema a sufrir lo indecible para salvarse de las garrapatas.

Y a soportar a Yolanda Díaz promocionando internacionalmente, con unos ingresos anuales entre pitos y flautas de medio millón de euros, tras dejar el mercado laboral como el de la URSS de los planes quinquenales y sangrar a las empresas como una sanguijuela con galones. Verla a ella en la OIT es como poner de nuevo a Negreira a dirigir a los árbitros, pero así está la cosa. No es que los más tontos aprueben el bachillerato, es que los ponen de rector y presumen de birrete.

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