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Perro come perroAntonio R. Naranjo

El alma de Pedro Sánchez

La inhumanidad del Señor de la Mareta da para escribir una enciclopedia

Ceuta se ha convertido en un photocall de ministros inútiles que van allí a humillar a los autóctonos, a mentir al resto de los españoles y a proteger a su amo, que se cree el Rey Arturo pero es ya una mezcla de Nerón y Toto Riina, siempre tocando la lira mientras todo arde y exclusivamente pensando en su negocio.

La penúltima en acudir allí ha sido Mónica García, médica y madre, candidata de Flash Madrid a presidir la misma comunidad de la que huyó para tener así un escañito, que la política es dura pero peor es trabajar.

Según la ministra de Sanidad, señalar que en Ceuta hay riesgo de tuberculosis o escandalizarse por el aumento de agresiones sexuales es xenófobo, de lo que cabe deducir que, para cumplir con sus elevados parámetros morales, inalcanzables para los ceutíes, hay que soportar un contagio o una violación con una sonrisa progresista, multicultural e inclusiva en el rostro: puede doler o hasta matar, pero qué es ese calvario al lado de construir un mundo mejor.

Sorprende que para contribuir a la causa la gran Mema no se empadrone de urgencia en Ceuta, con la familia, y que no esté deseosa de pedirle a sus hijos que salgan de noche, vayan a la playa, se integren en El Príncipe, hagan senderismo en las montañas circundantes y si, con eso no llega, laman barandillas o hagan picnic en descampados, que con suerte disfrutarán a la vez de la doble amenaza denunciada por los nativos y podrán desmontarla.

El sanchismo es experto en tropelías, y todas ellas han alcanzado el paroxismo en Ceuta, con ese contraste entre el Señor de la Mareta trabajando menos que el sastre de Tarzán en plena crisis de Estado y sus ministros diciéndole a los caballas que eso que ven con sus propios ojos es un espejismo.

No basta con ser un inútil y un zángano para quedarse en la tumbona mientras la gente que le paga el festival sufre y tú de dedicas a bucear y a hacer paellas con Begoña, Illa y Calleja, que sepamos, aunque la lista de zangolotinos puede ser inmensa. Además hay que ser un malvado, de esos que según Séneca solo pueden actuar en soledad, por videollamada, sin dar la cara nunca salvo en actos preparados co figurantes del PSOE.

La Mareta es la metáfora de Sánchez, el tipo que no se conmueve con el dolor ajeno, el cafre que atropella a un peatón y sale corriendo, el inmoral que le roba la cartera a un desmayado y el sinvergüenza que se siente un incomprendido por recibir críticas a todo ello.

Desechemos toda redención, nunca habrá con Pedro una epifanía de decencia y de buen corazón: una persona capaz de estar en la misma playa donde se hunde un barco y en lugar de nadar en dirección a las víctimas de un naufragio llama al chófer para que le lleve a una cala con menos jaleo es insalvable.

El alma, dijo Aristóteles, es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos. Y no se conoce el caso de un cubo de basura con esos atributos.

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