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Pecados capitalesMayte Alcaraz

'Striptease'

Ahora, la publicación por parte de Moncloa de 40 informes, entre ellos dos notas de Inteligencia, sobre la crisis migratoria ha generado una desconfianza completa entre nuestros aliados y ha dado bazas a los alauitas, que sin pegar un tiro han generado una crisis de soberanía gravísima en nuestro país

Nuestros servicios secretos están más desnudos que un pollo desplumado. Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska han aireado los procedimientos de la Inteligencia española. Para lavar sus vergüenzas en Ceuta –tiro que, encima, les salió por la culata– han hecho públicos una serie de documentos clasificados que encierran secretos operativos de nuestros sistemas de protección. Ahora cualquier centro de información del mundo que se precie ya sabe cómo funciona el nuestro, cuáles son los cauces de comunicación que usa el CNI para informar a las autoridades políticas, qué tipo de datos transmitieron del régimen marroquí o con qué otros servicios cooperan para garantizar nuestra seguridad. Si esto sucediera en otro país, el ministro del Interior ya estaría recogiendo su mesa y a continuación su presidente. Porque no solo la irresponsabilidad de Sánchez y Marlaska ha conseguido desprestigiar a nuestros espías, sino que ha abierto una brecha de seguridad peligrosísima. Tanto da que Margarita Robles y Grande-Marlaska estén a tortas, que el delegado del Gobierno se pasara por el estrecho de Gibraltar las advertencias de la Inteligencia militar, la Policía, la Guardia Civil y el CNI. Lo verdaderamente inquietante es cómo han abierto en canal nuestros métodos de seguridad.

Este inquietante striptease tuvo un antecedente bochornoso que conviene no olvidar. Me refiero al 2 de mayo de 2022 cuando, en una vergonzosa rueda de prensa, el ministro Félix Bolaños dio a conocer que los móviles de Sánchez y Robles habían sufrido un ataque de Pegasus y se les había sustraído una ingente cantidad de documentación, de hasta 2.6 gigas. Luego se hizo público también que los dispositivos de Marlaska y del ministro Planas, exembajador en Rabat de Zapatero, también habían sufrido una violación. Para más inri, a ello se sumó que se habían realizado escuchas con ese mismo sistema al expresidente catalán Pere Aragonés y otros independentistas. Por todo ello pagó con su destitución la directora del CNI, Paz Esteban. Y los ministros competentes –Bolaños y Robles se enzarzaron para despejar balones– no asumieron ni un ápice de responsabilidad. Pero el CNI quedó hecho trizas y nuestro blindaje ante agresiones extranjeras, descuajeringado.

Aunque más allá de lo que se pirateara en el teléfono de Sánchez, más que probable razón de su complicidad actual con la dictadura marroquí, hay que detenerse en que ese día, mientras los madrileños festejaban su fiesta regional, el titular de Justicia comunicaba unos datos ultrasecretos que debería haber protegido. Era la primera vez que lo hacía un Gobierno europeo. Meses antes, informaciones periodísticas revelaron que el presidente francés, Emmanuel Macron, y la entonces canciller alemana, Angela Merkel habían sido espiados de 2012 a 2014 por parte de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, ayudada por Dinamarca. A pesar de la presión de los medios de comunicación, ambos nunca confirmaron de viva voz, y por motivos de seguridad nacional, la intervención de sus teléfonos.

Merkel se fue por las ramas, advirtió de forma genérica que los aliados debían tener confianza entre ellos y nunca certificó que se le hubiera interceptado mensajes por parte de Washington. Y Macron insistió en que «no puede haber espionaje entre amigos», pero evitaron respaldar esa sospecha, sabedores de que hacerlo era publicar a los cuatros vientos la vulnerabilidad de sus comunicaciones. Aquí, el ínclito Sánchez encima se ufanó de ello, sacando a su ministro-bombero a romper todas las cautelas que exigía el caso.

Ahora, la publicación por parte de Moncloa de 40 informes, entre ellos dos notas de Inteligencia, sobre la crisis migratoria ha generado una desconfianza completa entre nuestros aliados y ha dado bazas a los alauitas, que sin pegar un tiro han generado una crisis de soberanía gravísima en nuestro país. Parte de ese material revelado procede del intercambio de datos con organismos extranjeros, comunicaciones que dependen del grado de confianza que se genere entre las dos partes. Ahora, servicios secretos de otras naciones se plantean compartir dosieres con alguien que, como Sánchez y con el único objetivo de salvar su poltrona, los airea. Es verdad que termina dándose un tiro en el pie, pero el daño ya está hecho. Y mucho.

Esa información, usada como mercancía de propaganda para contribuir al relato exculpatorio de Marruecos, se podía haber transmitido por cauces legalmente previstos, o dárselos directamente a la jueza Tardón. Es evidente que, tras la desclasificación indiscriminada ordenada por Sánchez, otros servicios amigos se lo pensarán dos veces antes de compartir datos sensibles con España. Otro fiasco que agradecer a este gobierno. El rey desnudo que es Sánchez ha optado por dejar corita a España para no desentonar.

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