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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Pedro nos toma por patxis

Pedro, que quiso boicotear veinticuatro horas antes de la obligada -por sus socios- comparecencia parlamentaria la multitudinaria respuesta ciudadana a su ineptitud, si no felonía, tuvo solo un objetivo ayer, que subyacía en su chatarra argumental: Marruecos -no Ceuta- no se vende; Marruecos -no Ceuta- se defiende

Salió Pedro Sánchez ayer a vender su quincalla al público allí reunido y al resto del mundo, a Mohamed especialmente, ese padre que ha requisado el móvil al adolescente donde este guardaba intimidades que no quiere que se aireen. Y menos el sexto Mohamed, que no se anda con chiquitas. Ni con sus chiquitas, a las que manda a invadir la frontera española y expone a la muerte y a la prostitución. Después de escuchar al hombre vestido de gris con el rostro más duro del sur de Europa y del norte de África, sobre todo del norte de África, hay que concluir que este presidente nos toma por patxis. Como si fuéramos su portavoz parlamentario que ayer le faltó tararear la internacional socialista -cantarlo le hubiera sido imposible porque a pesar de que su letra fue el plato fuerte de su ridícula intervención ni siquiera tuvo el detalle de habérsela aprendido. Tanto verse Pedro rodeado de políticos con incompetencias cognitivas que se ha llegado a creer que todos somos patxis. No Ceuta, sino patxis.

En una cosa tiene razón: solo políticos como López, que han renunciado a los códigos morales más básicos a cambio de una nómina pública, y que cuentan con una comprensión lectora bastante justa, podrían tragar sus bolas. Ayer el tragabolas requería una apertura oral de proporciones estratosféricas para engullir las sostenidas por la mentira hecha presidente. Como la de que fue la sentencia del Tribunal Supremo, tergiversada en redes sociales, hasta convertirla en bulo la que activó el asalto. Que hubo mafias y comerciantes vendiendo material para que cruzaran los inmigrantes. Que a partir del 30 de julio hubo campañas de desinformación que retroalimentaron la avalancha. Que Europa ha documentado la participación de servicios de ultraderecha internacional, rusas e israelíes, en la comisión de los hechos. Que fueron por su cuenta y riesgo los cinco agentes españoles que custodiaban nuestra frontera quienes decidieron, por razones humanitarias, no intervenir para impedir la avalancha. Que la Gendarmería marroquí permitió cruzar el espigón durante diez horas a miles de personas, pero lo hizo sin que sus superiores políticos —jefes de una férrea dictadura feudal— ordenaran esa «inacción». Que el CNI y la policía han ocultado informes al Ejecutivo sobre la amenaza de invasión, después de que toda España haya podido leer la literalidad de los documentos de la inteligencia militar y de seguridad. Y que el Gobierno convocó, en secreto, a la embajadora alauita tras las declaraciones anexionistas «inaceptables» de dos ministros marroquíes, cuando se ha sabido que la reunión fue con el encargado de negocios de la legación.

Nada extraordinaria esta retahíla de trolas en quien atribuye veinte años de Reinado a Don Felipe, que ciñe la corona desde hace doce. Pero, como le recordó ayer Santiago Abascal al presidente, eso también nos ha permitido comprobar su abismal cobardía: «Muy valiente con el Rey de España y muy sumiso con el de Marruecos. Así que ya sabemos a qué Corona rinde usted cuentas». Y a quién, hay que añadir, debe la jaima que todavía ocupa. Por eso, Feijóo atacó donde más duele a la jeta de feldespato de Pedro Sánchez: usted está «chantajeado» por Rabat y «pagará ante la justicia». Y es que la investigación abierta por María Tardón en la Audiencia Nacional no ha hecho más que empezar y, con al menos 140 muertos en el mar, las responsabilidades penales podrían ascender por el Consejo de Ministros: primero recalando en Marlaska —que ayer, por consejo de sus abogados, se quejó oficialmente ante el CGPJ de que la instructora pidiera a la Policía que no le informaran sobre Ceuta— hasta escalar a la mesa de Sánchez. La única que se puede salvar sus papeles es Margarita Robles, cuyo desagrado manifiesto en el banco azul durante la intervención de su jefe la volvió a casar con la verdad, pero la separó definitivamente de la coherencia, que debería haberle obligado a dimitir. Por su bien y por el del ministro Arcadi España que, sentado ayer entre la ministra de Defensa y su archienemigo el titular de Interior, adquirió dimensión de casco azul de la ONU.

Pedro, que quiso boicotear veinticuatro horas antes de la obligada —por sus socios— comparecencia parlamentaria la multitudinaria respuesta ciudadana a su ineptitud, si no felonía, tuvo solo un objetivo ayer, que subyacía en su chatarra argumental: Marruecos -no Ceuta- no se vende; Marruecos -no Ceuta- se defiende. Ahora dice que si encuentra pruebas contra Mohamed actuará, entre la risa floja del Rey feudal que, desde su ático parisino donde vive, como recordó ayer Rufián, acaricia como a un gato la memoria del teléfono de Pedro.

Así que, sin pensarlo mucho, he sintetizado su mensaje en estas palabras que dijo Don Rodrigo en su romance: Llegaron los sarracenos/ y nos molieron a palos,/ que Dios ayuda a los malos/ cuando son más que los buenos.

Y, mientras, Ceuta, si acaso, para otro rato, que son las cinco y Pedro no ha comido.

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