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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Dedicado a los del «pase lo que pase»

¿En serio vais a seguir apoyando a un presidente-calamidad y a su PSOE contra viento y marea solo por una pura obsesión sectaria?

Todos tenemos conocidos, amigos o familiares de clase media que sabemos que votarían al PSOE aunque Sánchez se disfrazase de Nerón y prendiese fuego a Madrid, tocando la lira con su risa desencajada desde el balcón de Ferraz.

No son gente mejor ni peor que nosotros. Muchos son personas responsables y trabajadoras, que pelean cada día por sacar adelante a sus familias. Les gusta salir a pegarse una buena comida y conducir un coche confortable. Se han esforzado para vivir en un piso grato. Visten de manera convencional. De vez en cuando se permiten algún viaje y muchos eligen para sus hijos la educación católica privada, porque saben que es mejor. Son personas de hábitos y ambiciones burguesas. Gente normal, para entendernos. Viéndolos, nadie los consideraría unos extremistas.

Sin embargo, todo ese armazón de cordura se cae en cuanto se llega a la política. Muestran una aversión visceral hacia la derecha. Votarán al PSOE «haga lo que haga y pase lo que pase», en nombre de un argumento que no les sale del cerebro, sino más bien de las tripas: «No soporto a la derecha».

Un inteligente catedrático de izquierdas, que percibió encantado subvenciones del PP gallego para sus chiringuitos, se reafirma enérgico y despectivo en que él continuará leal a Sánchez, incluso ante el horror de la nueva tragedia ferroviaria: «No voy a votar a los retrasados de Feijóo y Abascal», explica con pésimo estilo.

Un abuelo que solo ve una cosa: «Sánchez me sube la pensión». La futura ruina de sus nietos no cuenta.

Un empresario muy pudiente, al que le ha ido de maravilla manejándose en el libre mercado, fiel a la papeleta socialista («son los míos de siempre»). Una joven profesional de gran valía, con la posibilidad de una brillante carrera ante ella, abraza la desesperanza y el victimismo charista y las embadurnadas siglas del PSOE, «porque las mujeres tenemos que defender los derechos conquistados».

Esa profesora cincuentona que ha sido toda su vida del PSOE, porque es lo que imperaba en sus círculos universitarios y luego en el instituto. Lectora y oyente de la Doctrina Prisa, cree que ya es demasiado tarde para cambiar de bando (aunque en su interior su partido le empieza a dar mucha vergüenza ajena).

Y por supuesto, toda la retahíla de figuras del artisteo «progresista», prestos a indignarse por el pobre perro Excalibur, pero silentes cuando el descontrol del insufrible Puente provoca una tragedia lacerante. Son los abajofirmantes que morirán con las siglas del PSOE tatuadas en el corazón (y también en el bolsillo).

La principal tarea de Zapatero, Rubalcaba y Sánchez fue reabrir las heridas más o menos cauterizadas de la Guerra Civil para convertir nuestra política en una pelea de hinchadas forofas. Han tenido éxito. Han dinamitados todos los puentes. Han predicado hasta la náusea el miedo al «dóberman ultra» (que gobierna en media España sin que se haya desmantelado un solo servicio). Han convencido a su parroquia de que los de derechas no son adversarios políticos, sino «enemigos». Lo explica Sánchez sin rubor alguno: «La alternancia en principio es buena, pero en España ya no es posible por la oposición que tenemos, de ultraderecha».

Un muro para cercar a los rivales y un gobierno perpetuo de «la coalición progresista». Ese es el plan que eligen todavía 8 millones de votantes socialistas.

Pero aún así… ¿En serio vais a seguir votando al PSOE también esta vez? ¿Vais a elegir la papeleta del partido de la traición de Ceuta y del presidente escondido en la tumbona? ¿Vais a votar a unos troncos que llevan tres años sin Presupuestos? ¿Vais a apoyar a un tramposo que miente como respira y al que las personas de carne y hueso le resbalan? ¿Sois tan «progresistas» que votaréis al presidente que enchufó a su mujer en la Complutense y a su hermano en una diputación, el «líder feminista» que tenía como asesor a un amigote que acosaba a las funcionarias en el corazón de la Moncloa? ¿Vais a depositar vuestra confianza en un partido que ha organizado una delirante trama de guerra sucia, que llegó al extremo de contactar con unos narcos para aterrorizar a una juez? ¿Vais a apoyar al hortera del «partido del amor» y al irresponsable que liberó a mil violadores con su «sólo sí es sí»?

¿Vais a votar al felón que ha sacado a la calle a los sicarios más crueles de ETA y se ha aliado con su partido, escupiendo hasta sobre la memoria de los militantes del PSOE asesinados? ¿Vais a votar al trilero que se vendió a un prófugo golpista para hacerse con el poder sin votos para ello?

En serio: ¿Vais taparos los ojos para votar al partido de Adamuz y Urda?

Dadle una pensada, por favor. No os manchéis las manos y la conciencia con ese candidato.

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