Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Las niñas

Ay esas niñas, que se han ganado con el sudor de su frente treinta mil millones de euros. Admirables. Son pocos los comunistas que reúnen con su trabajo esa fortuna, pero de cuando en cuando surgen hijas como las de Chávez y hay que quitarse el sombrero

Ay, esos niños, y ay, esas niñas. Los hijos y las hijas de los tiranos comunistas. El niño de Nicolás y Elena Ceaucescu, ya con treinta años bien cumplidos, lo pasaba bomba en las recepciones que sus padres ofrecían en el horrible y descomunal palacio que construyeron en Bucarest. Los camareros se movían con bandejas de ostras. Los Ceaucescu eran muy aficionados a las ostras. Entonces el niño se miccionaba sobre ellas. Y ya convenientemente meadas, el niño le ordenaba a los camareros a quiénes tenían que ofrecer las ostras. Los invitados que habían seguido en la cercanía la travesura de Nicolasín, rechazaban el ofrecimiento. Pero el niño les obligaba a degustar a los negacionistas las ostras con su pis. Y ya en familia, el niño se lo contaba a sus padres, y éstos se retorcían de la risa, porque los Ceaucescu eran muy graciosos y tenían mucho sentido del humor. Hasta que los suyos los fusilaron.

Un hijo de Fidel Castro, al que llamaremos Fidelín, tenía un barco de treinta metros de eslora en Montecarlo. Un piso en París, otro en Londres y un tercero en Madrid. Y como a buen comunista, le encantaban los coches deportivos, como al hijo de los Pujol. En Madrid sus juergas eran famosas, con amigos españoles y cubanos, cierre de locales hasta el amanecer, y acompañantes femeninas para todos. No se permitían homosexuales, porque en Cuba ser maricón estaba prohibido, y al que sorprendían en amores masculinos los encerraban en un psiquiátrico para curarle las malas tendencias. Son muy hábiles. El Che Guevara los pasaba por lar armas, y todavía, en la semana ésa del Orgullo Gay, los homosexuales españoles del socialismo y el comunismo, llevan camisitas y camisetas estampadas con la efigie del ejecutor de miramelindos cubanos.

Y ahora nos enteramos de que la mayor fortuna que hay depositada en los bancos de Andorra, Mónaco, Liechtenstein y Suiza, pertenece a las hijas, ay esas niñas, de Hugo Chávez. Entre todos los bancos de esas localizaciones, más de treinta mil millones de euros. Pero su padre, Hugo Chávez, el que a su muerte provocó las lágrimas de Orinoco en los ojos blandos de Monedero, no robó ese dinero a los venezolanos hambrientos o simplemente arruinados. Ellas se lo ganaron con el sudor de su frente. Los comunistas son así. Sudan mucho por la frente y se topan, de sopetón, con treinta mil millones de euros. ¿Qué se hace con treinta mil millones de euros en Venezuela? Por lógica, disfrutarlos en Venezuela, pero no. Ellas no lo consideraban un depósito seguro, y miraron el mapa de Europa, cerraron los ojos, y casualmente sus dedos –se trata de un juego muy divertido–, señalaron a Mónaco, Andorra, Liechtenstein y Suiza. Eso sí, ingresaron una propinilla de su fortuna en España, apenas mil millones de euros, una tontería, para tener algo durante sus visitas a la ciudad en la que viven los amigos de Papi Difunto, es decir, Monedero, Echenique, Iglesias, Zapatero y Sánchez.

En su aspecto bueno, son discretas y no salen en las revistas posando en sus casas y luciendo trapos de los mejores modistas de Europa. Quizá porque son bastante feas, y no termina de gustarles ser objetivo de los fotógrafos. Ay esas niñas, que se han ganado con el sudor de su frente treinta mil millones de euros. Admirables. Son pocos los comunistas que reúnen con su trabajo esa fortuna, pero de cuando en cuando surgen hijas como las de Chávez y hay que quitarse el sombrero.

Quiero ser comunista. No en mi beneficio, sino por mis hijos.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 28 de octubre de 2021
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas