Napoleonchu arrasa la política exterior de España
Con el proceder miserable que caracteriza a este Gobierno, en la anterior cumbre en noviembre de 2024 en Cuenca, Ecuador, no fue ni Pedro Sánchez que quería que aquel encuentro fuese un fracaso –como lo fue– para poder pavonearse de un gran éxito en la cumbre en España celebrada esta semana sin gloria alguna
Mi mujer y mi hija mayor me dicen sin pestañear que cuando ven a Napoleonchu en el título de una de mis columnas, directamente se ahorran leerla. Pero como en los periódicos digitales tenemos toda la información sobre cuántas personas han leído una pieza, cuánto tiempo le han dedicado de media, en qué punto del planeta estaban cuando lo leyeron y otras informaciones relevantes, hace tiempo que obtuve la confirmación de que mis columnas sobre nuestro ministro de Asuntos Exteriores están entre las más leídas de mi autoría.
Y es que hay cosas que claman al Cielo. Hasta el más torpe puede entender que en la política exterior española Hispanoamérica es una prioridad absoluta. Es nuestra zona geográfica de influencia natural. Y por eso, precisamente, se creó en 1991 junto con México la Cumbre Iberoamericana. Era entonces ministro de Asuntos Exteriores Francisco Fernández Ordóñez, un converso a la socialdemocracia, pero un hombre de una hechura incomparable con Napoleonchu y que no pudo llegar como titular de la cartera de Exteriores a la cumbre de Madrid el 25 de julio de 1992 porque, enfermo terminal, tuvo que dimitir el 23 de junio y falleció el 7 de agosto de 1992.
Con el proceder miserable que caracteriza a este gobierno, en la anterior cumbre en noviembre de 2024 en Cuenca, Ecuador, no fue ni Pedro Sánchez que quería que aquel encuentro fuese un fracaso –como lo fue– para poder pavonearse de un gran éxito en la cumbre en España que se ha celebrado esta semana en Madrid sin pena ni gloria alguna.
Y esta es la prueba del algodón, por si hacía falta alguna, de la indigencia autoimpuesta de la política exterior española. Cuando España llegó a la democracia hizo una política de promover las libertades en todos los regímenes dictatoriales de Iberoamérica. El Rey Juan Carlos no dejó de visitar uno solo de aquellos regímenes totalitarios: la junta de los generales en Argentina, el Chile de Pinochet, la Cuba de Fidel Castro… Nadie se atrevía a callar al Rey de España. En cambio, la enanez mental del gobierno que padecemos pretende que las repúblicas hermanas del otro lado del Atlántico tienen que aceptar que sea Sánchez quien les dé lecciones sobre quién está en el lado bueno de la Historia. Y que el protagonismo lo debe tener Sánchez, no el Rey. Y por ahí no pasan. Lógico.
Napoleonchu y su jefe Sánchez no han conseguido la participación más que de diez de los 22 jefes de Estado de Iberoamérica. Considerando que de esos diez tres eran España, Portugal y Andorra, ya me dirán cómo queda la verdadera cuenta. Los dos países de más peso de Iberoamérica, Brasil y México, no han participado a pesar de la sintonía ideológica de Sánchez con Lula y Sheinbaum –hasta para atacar al Rey en este último caso.
Pero para mí lo más increíble, el despropósito último de Napoleonchu, fue la ofensa a Milei en Madrid. Entendámonos. No comparto las formas del presidente argentino. Pero lo cierto es que fue invitado en visita oficial. Y cuando ya estaba aquí le dijeron que no podía tener una reunión bilateral con su anfitrión, el Rey de España. Lo que le dio a la diplomacia española el gran éxito de que tampoco el presidente de Argentina participase en la inauguración de la cumbre. Faltaron los presidentes de las tres mayores potencias de Iberoamérica. Y Milei sentado en su hotel. ¿Cree alguien que se puede hacer las cosas peor? A mí no se me ocurre cómo. Pero seguro que Napoleonchu es capaz de superarse. Se admiten apuestas.