15 de agosto de 2022

Cartas al director

Aquellos casinos

Todos los casinos de pueblo, que muchos hemos conocido, los asociamos, sin poder evitarlo, al evocado por Clarín en La Regenta. «Casino de los señoritos»; con la primera televisión del pueblo; sus estancias llenas de humo, el olor a calamares fritos, las tertulias, el juego de cartas, una Vetusta extremeña que mataba su aburrimiento con la alegría del vino; y padres jóvenes, rodeado de amigos, y risas y palabras de tiempos mejores; soñando la alegría de su juventud, sin imaginar la vejez de sus hijos, sin concebir la muerte de seres queridos. Otros casinos vetustenses más reducidos, más caciquiles y cochambrosos. Rancios casinos de pueblo que reproducen el tenorio del lugar, el tramposo, el borracho, el iluminado; las rencillas políticas y sociales, la diferencia de clases; los estamentos civiles, eclesiásticos y militares; mentideros canallas, honras pisoteadas en los manteles con migas de pan y manchas de vino tinto; alegrías etílicas y exaltaciones patrioteras. El pasado que viene y va por las escotillas del recuerdo y la nostalgia. Añoramos todo, lo bueno y malo, porque es nuestra vida, nuestros años, que se nos deslizan hacia el irremediable final.

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