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Cartas al director

Escarnio

Abro el periódico y veo una foto de seis individuos; infiero que al estar próximo el cierre de fichajes en el fútbol, se trata de jugadores que han cambiado de equipo y van a trasladarse a otra ciudad. Comienzo a leer sus escalofriantes historiales y tiemblo ya que se trata en realidad de asesinos múltiples, psicópatas, ganadores de su particular Liga y Copa del Terror; me llama la atención que ninguno de ellos sea delantero y arriesgue las piernas contra los defensas sino muy al contrario, todos ellos juegan aproximándose por la espalda y sin árbitro. Han ganado muchos partidos y han derrotado goleando incluso a niños y mujeres; vaya cracks.

Los partidos tenían lugar a las horas más intempestivas, incluso de madrugada, el momento más propicio para goleadas de escándalo: cero a seis, diez, doce jugando como visitantes, como itinerantes. Sigo leyendo y me entero que no cambian de equipo; semper fidelis a sus colores y escudo formado por un hacha y una serpiente lo que les lleva a ser los mejores killers y ganar su particular trofeo Pichichi (Pitxitxi). Cambian simplemente de ciudad y todo indica que se verán muy pronto libres de vivir concentrados y saldrán a pasear, de pintxo pote y de paso a sacarse fotos y selfies con sus hooligans.

En el plan de entrenamiento van a ser programados encuentros entre ellos y familiares de los derrotados para confraternizar en franca camaradería y de paso que estos últimos se lleven de recuerdo una camiseta firmada, patrocinada por Gogora. Unas lágrimas de pena y rabia harto elocuentes me impiden seguir leyendo. Mi recuerdo y cariño a los perdedores, que no rendidos, les obligaron a jugar los partidos, y lo hicieron con honor, dignidad y fair play. No disfrutarán de una segunda oportunidad, otros sí. Escarnio.

Francisco Javier Sáenz Martínez ​Lasarte

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