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Cartas al director

Un cariño de familia a Peregrina

Conocí a Peregrina hace unos pocos años. Tenía muchas ganas de hablar con ella y que intercambiáramos vivencias comunes. Oí hablar de ella en mi juventud, en las visitas que hacíamos a mi tía abuela Elvira Gutiérrez de la Torre. Vivía en el barrio del Pilar, en Madrid. En una casa modesta, con su asistenta. Aquella casa parecía un museo, rodeada de tantos recuerdos de Millán Astray. Mi tía hablaba con mis padres con gran naturalidad de su herencia. Me pareció sorprendente su reconocimiento a los derechos de Peregrina como hija de Millán Astray, aunque no hubiese sido reconocida por el general. Éste mantuvo un matrimonio «abierto» como consecuencia de la promesa de castidad hecha por mi tía abuela antes de su matrimonio y, al parecer, comunicada a su cónyuge después. Por tanto, había que mantener las formas y evitar escándalos. Y así fue.

El problema se planteó cuando Rita Gasset y Diez de Ulzurrum se quedó embarazada. Mi tío abuelo Pepe (Millán Astray) se lo comunicó a Franco y éste le dijo que hiciera lo que quisiera, pero que no le pusiera en más dificultades con la Iglesia. La solución encontrada fue que diera a luz en la embajada española en Lisboa, que se consideraba territorio español y, por tanto, Peregrina sería española desde su nacimiento. El nombre de Peregrina se debió a que una hermana del general se llamaba así.

Peregrina era una persona estupenda. Inteligente, despierta, segura de sí misma, con fuertes dotes de mando y muy cariñosa. Nos invitó a mi mujer y a mí hace tres veranos a comer una estupenda fabada en su casita de montaña en Aller (Asturias). Allí nos pusimos al día en una sobremesa de varias horas.

Este sábado fue un día triste. Descanse en paz.

José Luis Gutiérrez

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