Cartas al director
La manera de hacer las cosas
Desde que comienza tu vida, tu infancia, tu juventud, tu madurez y tu vejez pasan cosas que te engrandecen o te denigran. Depende de tu misión o tu visión de las cosas hay muchos casos y cosas que no merece la pena conservar. Es mejor abrir la ventana para que el aire limpie esas malditas cosas que destruyen tu vida y tu alma.
Cuando un político cruza una línea recta de su misión y la justicia no actúa, la justicia se tambalea. Y si no hay ley no hay nada. Bueno, si no hay ley hay anarquía, y la vida en la jungla del más fuerte se convierte en una carnicería al por mayor, la patria salvaje del separatismo y del adicto a los indultos.
El que cruza la raya viola la ley una vez, y la seguirá violando siempre. La historia se empeña en recordarnos dónde está la verdad y la mentira. El ideario leninista decía que si no eres comunista a los veinte años no tienes corazón. Y alguien le contestó: «El que sigue siéndolo a los cuarenta, tampoco lo tiene». ¡Lo que es el comunismo puro y duro! Una traición para la humanidad. Los que cruzan todos los días la raya de la legalidad a cualquier edad. Los que mienten una y otra vez y cada vez a más velocidad. Los que engañan y roban un poco a los trabajadores terminando robándoles todo, hasta la dignidad.
Para estos de la extrema izquierda y sus primos de un poquito de menos extrema, robar no es un mal absoluto: depende de quién sea el que robe, a quién, cuánto y para qué. Todo cambia una vez que has cruzado el río, la otra orilla la has dejado atrás para cambiar de sitio lo robado. El río se lo lleva todo, lo arrastra todo, lo pudre todo, sobre todo la dignidad, la decencia y la vergüenza.
Así no es posible refundarse, no es posible regenerarse, por más que te quieran engañar los charlatanes de feria. Por eso conviene recordar que solo hay una manera de hacer las cosas. Con la verdad, y entender que el fin no solo no justifica los medios, sino que, en todo caso, los medios justifican el fin…